Stockholm, de Rodrigo Sorogoyen. Retrato de una generación irresponsable.

Si Rodrigo Sorogoyen sabe hacer algo bien eso es humanizar a sus personajes gracias a unos diálogos que denotan una naturalidad abrumadora, lo vimos en la simpática y superficial 8 Citas, y más recientemente en la notable Que Dios Nos Perdone. La que hoy nos ocupa es probablemente su mejor película, Stockholm, escrita con la ayuda de Isabel Peña. El texto a continuación puede contener spoilers menores.

Fuente IMDB

Somos una generación que encuentra el amor cada fin de semana en cualquier garito y que se desenamora con la misma o mayor facilidad. Somos una generación, admitámoslo, caprichosa que lo quiere todo y ya. En este contexto, que Sorogoyen conoce bien (32 años cuando rodó la película), se nos presenta a Javier Pereira (Tu Vida en 65′) y Aura Garrido (El Ministerio del Tiempo), a él lo conocemos teniendo un debate con un colega sobre si está justificado o no que éste sienta celos de su pareja cuando abandona España para hacer un Erasmus, en este caso a Estocolmo. De ella sabemos menos, solamente que no parece tener demasiado interés por él. Aunque esto no ha hecho más que empezar, él decidirá tratar de conquistarla por todos los medios, comienza así una especie de primer tercio en la película donde presenciamos un clásico chico-conoce-chica, eso sí, con unos diálogos hiperrealistas que pueden llegar a resultar bastante tediosos. Sin embargo todo es relevante, estamos conociendo a los personajes y vemos en acción a esa generación que solo busca la satisfacción inmediata sin meditar demasiado acerca de sus actos y decisiones. Destaca el cariño que Sorogoyen impregna en cada fotograma por ese Madrid de madruga, no nos cansaremos de callejear con los protagonistas por sus calles. La película durante este primer tercio, por momentos, recuerda a la obra de  Richard Linklater (Antes del amanecer) y esa manera tan natural e íntima de enseñarnos las calles y personajes, en su caso fue Viena de la mano de Ethan Hawke y July Delpy. Después de una abundante verborrea, y algo más, por parte de Javier Pereira, Aura Garrido y él acabarán durmiendo juntos, ha conseguido lo que a menudo nosotros mismos intentamos en nuestras salidas los fines de semana, conquistar a la chica o chico, llevarle a casa y terminar la noche con esa persona.

Fuente IMDB

Habrá un punto de inflexión en el film donde empezamos a notar que hay algo que no funciona como debería. Resulta hasta incómodo cuando somos conscientes de que esos de ahí, sentados en el sofá, no son mucho más distintos a nosotros. La mañana siguiente nos lo confirma… Somos una generación patética, y Aura, en su inocencia, no logra entenderla, se mira en el espejo desbordada, confusa y violentada -escena brillante por otra parte-. Las palabras, gestos y promesas de anoche ya no valen nada. Lo que había comenzado como un chico-conoce-chica ha terminado por convertirse en un thriller. Ya no estamos seguros de haber conocido realmente a los protagonistas, ¿con quién pasamos la noche ayer entonces? Al fin y al cabo esto es lo que Sorogoyen quería, traernos a este terreno y que nos repitiésemos esta pregunta una vez más en nuestras vidas, y por primera vez verlo desde fuera.

En el último tercio la «débil», e inocente, se hará fuerte al fin y pese a haber sido «secuestrada» (no es casual que se plantee el Erasmus en Estocolmo al comienzo) por la palabrería y encanto de Javier, ella, que no entiende ese/este mundo acabará por secuestrarlo literal y físicamente a él, escondiéndole las llaves. Una tensión, digna del cine de Roman Polanski, irá in crescendo hasta llegar a uno de los finales más contundentes, profundos y evocadores que ha dado el cine español recientemente. Aura Garrido consumará su venganza para con Javier y en cierto modo con este mundo cínico, posesivo y egoísta, falto de amor, comunicación y honestidad. Se hará realmente fuerte, pero, ¿a qué precio?

Una película cruda y desgarradora, pero necesaria y hecha con suficiente ingenio como para calar en lo más hondo y dejar un poso duradero.

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