El silbido del portero

Un portero en mono azul limpiando la verdera. Foto: www.1.bp.blogspot.com.

Está todas las mañanas cuando salgo de casa, y también a la vuelta muchas veces me lo encuentro: nuestro portero José. Por las mañanas vestido con un mono azul, -al parecer contento- va silbando las melodías que canta la radio que tiene puesta en la recepción. Allí da los primeros pasos a la escoba, para que la entrada y también la vereda estén limpios para nosotros.

José barre y frega con una felicidad que me estoy preguntando si cambiar de profesión. Mientras abre la puerta a la gente que entra y sale, saluda con una sonrisa y sigue su trabajo. También, muchas veces me ayuda a meter mi bici en el ascensor, que es muy pequeño. Eso sí, siempre está pendiente de que no se manche el metal de las esquinas, porque al parecer personas mayores del edificio ya se estaban preocupando de que la bici ensucia todo el edificio…

Al salir, a menudo me suele dar una previsión del tiempo. Frases como «Hace mucho frío hoy, eh, cuidado.» o «¡Está lloviendo..!», me han acompañado cada mañana durante este invierno. Después de acabar con sus trabajos por la mañana suele quitarse el mono azul y entonces aparece bien vestido de traje y corbata, cosa que no todos los porteros hacen. Alguna vez, un amigo mio me ha comentado que su portero no utiliza en ningún caso indumentaria de limpieza, sino que se viste bien, con corbarta, camisa y todo esto…».

Nuestro portero, José, como muchos más en Madrid, parece ser una figura clave en el ecosistema del edificio. No sólo mantiene limpio el edificio y recoge la basura frente a nuestras puertas, sino que también, a partir de las 5, se encarga de realizar reparaciones (por ejemplo en el ascensor), o incluso adorna la cuna para las Navidades.

Además, sabe muchas cosas sobre nosotros y nuestros vecinos, y a veces ni siquiera sabemos cómo se ha enterado. Como cuando mi compañera de piso se enteró que él sabia su nombre, aunque nunca se le había presentada oficialmente y ni siquiera llevaba mucho tiempo en el piso. El cotilleo parece ser una actividad más a la que se dedica, además de prestarle atención a la gente cuando quiere hablar sobre su vida. Seguramente será una rica fuente de información…

Y no sólo sabe las historias de la gente del edificio, sino también miles de la gente del barrio. El portero madrileño para mí es una maravilla de integración social. La gente parece agradecer su presencia y tenerle cierta confianza cuando habla con él, como si fuera un buen amigo o incluso un familiar.

Cuando me mudé a este edificio, ya el primer día me preguntó quién era y empezó sus investigaciones. Evidentemente ha de saber quién vive en el edificio. Pero que te pregunte quién eres y a dónde quieres ir no sólo te pasa cuando apareces allí en la entrada con tus maletas, listo a mudarte a un nuevo piso, sino que también cuando simplemente pasas por el portal para, por ejemplo, ir a ver a un amigo en cuyo edificio nunca has estado. Y aunque tú sabes exactamente a qué piso tienes que ir, el portero también tiene que saberlo. Hecho, que a mí como alemana, al que no estoy acostumbrada ya que por norma general no suelo informar a cualquier persona que me pregunta a dónde voy y qué quiero hacer. Para mí es algo personal que no comparto.

En Alemania, la figura del portero así como en Madrid no existe. Para nosotros el «Hausmeister», que es una especie de portero que apenas enseña su cara como no tiene una función de recepcionista o algo parecido, o una adminstración del edificio, arregla todo lo que hace falta: reparaciones, limpieza de las escaleras y la entrada, el servicio de las basuras, servicio quitanieves, el control del contador de gas y algunas cosas más. Pero como ya mencionado, con el «Hausmeister» no existe apenas ninguna relación social. A veces incluso es muy difícil localizar a esta gente cuando de verdad hay algo para arreglar.

Así, claramente la presencia de José u otros porteros es algo peculiar para mi y la defino como una «cosa madrileña», enclavada entre cultura, sociedad y un trabajo como cualquier otro. A pesar de las ventajas que vienen con tener un buen portero, que en el mejor caso cuida bien al edificio y sus habitantes (que también he visto otros porteros que se encargaron mal de sus tareas), yo prefiero bajar mi basura sola y no acudir a demasiadas charlas con José, ya que no sé de qué detalles de mi vida de todas formas ya sabe.

Personalmente, me conformo con limitar mi relación portero-social a saludarle cada día, alegrarme sobre sus previsiones de tiempo o la ayuda al abrir las puertas, esperando, que no sepa qué aventuras había planeado o pasado, y escuchando su silbido contento por las escaleras.

Nicole Ris

Soy de Berlín y viví una gran parte de mi vida en esta ciudad. Aparte de Berlín he vivido entre otros en España, Hungría y Chile. Ahora mismo otra vez vivo en España y llevo 1,5 años aquí. Después de haber trabajado por varios años hice la carrera de Ciencias Culturales (especialidades Ciencias Sociales y Historia Cultural), la cual terminé en abril de este año. Gracias a varias prácticas ya podía ganar experiencia laboral en la radio y la redacción de una producción televisiva.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.