Crítica: El Médico
Una adaptación interesante y entretenida, teniendo en cuenta sus 150 minutos de metraje.
‘El médico’, adaptación homónima que Phillip Stölzl ha hecho del libro de Noah Gordon, narra la historia de Rob Cole (Tom Payne), un niño huérfano que es adoptado tras la muerte de su madre por un barbero y cirujano (Stellan Skarsgård) que le enseña el oficio. Durante años recorren Inglaterra montando espectáculos para atraer al público, hasta que conoce a Benjamin Merlin, un médico judío al que pronto admirará, capaz de curar enfermedades que supuestamente no tienen cura. Gracias a él, descubre la existencia del científico persa Ibn Sina (Ben Kingsley) y emprende un viaje hacia la lejana Persia para aprender de él.
La película, más que una adaptación, toma el libro como punto de partida, aunque mantiene el espíritu de la novela y todas las tramas de la misma: religión vs ciencia, amor prohibido, la diferencia de cultura entre oriente y occidente, la convivencia de las tres religiones…
En cuanto a la imagen, la fotografía es una de las grandes bazas de esta producción, con un acabado visual que muchos han comparado con las grandes producciones de Hollywood durante los años 50 y 60. Aunque esté rodada en escenarios naturales, todo el film tiene un aire de decorados de estudio, en los que el rigor histórico es lo menos importante
Nunca es sencillo llevar un libro a la gran pantalla, más cuando se trata de un superventas como el de Noah Gordon, sin embargo Stölzl ha logrado que pese a la simplificación de la trama el resultado haya sido altamente satisfactorio. ¿150 minutos? Pasan volando