La comunicación «cara a cara» se queda huérfana

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Podríamos comenzar hablando de la crisis existente en nuestro país donde hay casi 4 millones y medio de parados, pero si hay algo que marque el ritmo en esta sociedad son las nuevas tecnologías.

Olvidada queda la crisis si lo que vamos es a destinar nuestro dinero para adquirir las últimas novedades o modas. Tanto es así que a diario vemos a jóvenes con dispositivos cada vez más modernos en sus manos. Sí, me refiero a esos dispositivos que han sustituido la comunicación cara a cara por frívolos mensajes vía chat. Es destacable el hecho que se observa entre el colectivo juvenil, en donde se llega a oír que eres un “atrasado”, “anticuado”, “antisociable” por no tener uno de estos aparatos.

¿Qué pasaría si por un día no funcionara Internet en estos dispositivos? En los últimos años hemos tenido varios ejemplos de caída de este servicio y todos ellos con una característica común: un colapso en la sociedad que muchos calificaban de “el fin del mundo”. No hace falta mirar muy atrás para recordar que, hace tan solo unos años, convivíamos en perfecta armonía sin existir, o por lo menos sin propagarse tanto, los “smartphones”. No olvidemos, que su función es complementaria para facilitar la comunicación con nuestros amigos, compañeros o familiares. Y lo más importante, no dejemos que esta forma de comunicación se convierta en sustitutiva de nuestra propia vida porque créanme, sin smartphone también hay vida.

Pocas son las personas que cuando adquieren un teléfono móvil de última generación no crean su propio mundo interior. Me refiero a que, cuando mantenemos una conversación entre varias personas, aquellos que tienen un dispositivo móvil de este tipo, no levantan la vista de la “pequeña” pantalla. Como si una fuerza sobrenatural empujara sus cabezas hacia abajo, crean su propio mundo sin hablar con nadie a menos que sea mediante el chat.

Los smartphones captan mayor atención que una persona real y, si te hablan y suena trescientas veces, tú lo miras quinientas, no vaya a ser que no lo hayas oído y se te pase ese mensaje tan importante para la humanidad sin leer.Incluso los más famosos o populares parecen haber caído en esta fiebre, es casi imposible ver a Paris Hilton sin colgar en las redes sociales su último “selfie” o a Mariah Carey que una vez, a la hora de recoger un premio, llegó a subir al escenario su Blackberry porque había escrito la lista de agradecimientos en él.

Qué triste es pensar en cómo será la sociedad de aquí a unos años. Las visitas a las ópticas y a los oftalmólogos se multiplicarán por la sequedad en los ojos de no parpadear, los callos en los dedos será la moda de tanto teclear a velocidades de espanto. Aunque el verdadero espanto será ver como la comunicación «cara a cara» se ha quedado huérfana.

Algunos expertos se atreven a llamar a esta obsesión “WhatsAppitis”, y ya el año pasado se registró su primer caso en una mujer que había estado 6 horas contestando mensajes sin parar. Por el momento no hay clínicas dedicadas exclusivamente a la desintoxicación de los dispositivos móviles, pero a este paso quién sabe lo que deparará el futuro. En China, lo que sí  hay ya es un “carril smartphone” exclusivo para peatones que vayan utilizando su móvil. La “Internet-dependencia” se acrecienta y la juventud parece ceñirse a esa modalidad.

Para finalizar, destacar que las nuevas tecnologías, concretamente los smartphones, poseen ventajas como la comunicación directa con tus amigos por poco dinero al mes, gracias a la mensajería instantánea. Además el hecho de una conexión a Internet facilita el acceso a información en cualquier momento, dando lugar a una sociedad mas informada. Sin embargo, que nunca puedas desconectar un chat, que el resto de usuarios sepa cuando te conectas e incluso cuando lees un mensaje, con la polémica aparición del tick azul de Whatsapp, se olvida el derecho a  la intimidad de las persona.

Ciudadanos de todo el mundo, las nuevas tecnologías pueden ser un arma de doble filo por lo que es necesario hacer un uso responsable de ellas.

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