Destripando el críptico

El jardín de las delicias, El Bosco.

La gran afluencia de gente que desfilaba por el Paseo del Prado el sábado por la tarde evidenciaba que nos encontrábamos en el horario de visitas gratuitas al museo. Individuos de edades dispares llenaron en pocos minutos el conocido y prestigioso Museo del Prado.

Una vez dentro, como era de esperar, la multitud se dispersó por las diferentes salas según sus preferencias. La nueva normalidad nos ofrece la posibilidad de caminar sin tropezar con cientos de visitantes apelotonados frente a una obra. Sin embargo, para observar cuadros aclamados como el famoso «El jardín de las delicias», de El Bosco, sigue haciendo falta un poco de paciencia. Una obra de tal magnitud solo sirve de imán para atraer de igual forma a principiantes como a veteranos y expertos visitantes.

A pesar de que el cuadro no cuenta con ningún tipo de firma que lo confirme, nadie duda que «El jardín de las delicias» sea obra de El Bosco. De hecho, quizás sea la creación más característica y célebre del pintor por sus alusiones al pecado, a la locura del ser humano y a la transitoriedad de la vida.

Este cuadro es todo un enigma, un auténtico misterio que resolver para intentar captar todo lo que el autor quiso expresar a través de la obra. Me atrevería a decir, incluso, que es una pintura hecha para ver durante horas, durante días y que, quizás, en cada visual el espectador pueda llegar a reconocer nuevos colores, sombras, figuras y, sobre todo, significados que todavía no había descubierto dentro del conocido jardín.

El jardín de las delicias cerrado. Fuente: culturagenial.com

El cuadro es en realidad un tríptico. Si lo pudiéramos observar cerrado entenderíamos que el autor intentó recrear, en tonos grises y oscuros, el tercer día de la Creación del Mundo según el Génesis. De hecho, en la parte superior de las dos ventanas, si lo examinamos por detrás, se puede leer «Ipse dixit et facta sunt» (Él mismo lo dijo y todo fue hecho) y «Ipse mandavit et creata sunt» (Él mismo lo ordenó y todo fue creado), versículos del Génesis.

Panel central de El jardín de las delicias. Fuente: tiendaprado.com

Por su parte, al observar el tríptico abierto debemos hacerlo detenidamente y por fragmentos. Si nos paramos en el panel del centro, estamos ante el verdadero jardín de las delicias. Destaca y salta a la vista por su gran colorido y la presencia de multitud de personajes; desde figuras humanas hasta frutas pasando por plantas o animales de dimensiones fuera de lo común.

En este cuadro central, el autor representa el pecado del ser humano y del mundo en general, entregado por completo a los placeres mundanos. Los hombres y mujeres aparecen desnudos en el jardín, manteniendo relaciones sexuales entre ellos, una clara representación de la lujuria con una fuerte carga sexual y erótica en sus personajes. Sin embargo, se transmite también una imagen de efimeridad, de que todo lo bueno acaba.

En contraposición con la fuerte imagen de lujuria que transmite el panel central, los otros dos paneles reflejan los dos caminos que puede tomar el ser humano. Por una parte, el Paraíso terrenal y, por la otra, el más absoluto Infierno.

Panel izquierdo de El jardín de las delicias, de El Bosco.

Alejado de la multitud de personajes y objetos que se pueden ver en el cuadro del centro, en la tabla izquierda podemos identificar casi todos los elementos en una primera visual. Como he mencionado anteriormente, este panel está dedicado al Paraíso y es por ello por lo que reconoce en primer plano a Dios acompañado de Adán y Eva. Junto a ellos aparece el Árbol de la vida y el Árbol del bien y del mal. Sin duda, una imagen idílica que puede servir como augurio o comienzo del mundo de lujuria que sucede en la tabla siguiente.

Panel derecho de El jardín de las delicias, de El Bosco.

Por último se encuentra el panel de la derecha, que es todo lo opuesto a la imagen del izquierdo. El Bosco representa en él el Infierno, el lugar en el que se castigan todos los pecados capitales, desde la Avaricia hasta la Gula pasando por los vicios de las diferentes clases sociales de la época. Es decir, simplificando, el autor trata de representar la zona donde se castiga la Lujuria del panel central.

Queda claro, una vez visto con detenimiento, que el punto de unión de las tres partes que forman el cuadro es el pecado que está presente en el mundo y que, finalmente, tiene el «castigo» que se merece. Sin duda, El jardín de las delicias es una obra que representa lo efímero de los placeres pecaminosos e intenta ofrecer un aspecto moralizador al espectador.

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