La criptografía para descifrar la comunicación enemiga se hace hueco en la Fundación Telefónica

Una multitud de mensajes secretos circulaban sin cesar durante la Segunda Guerra Mundial. Las potencias del eje lanzaban códigos misteriosos que informaban a sus camaradas sobre la próxima estrategia de ataque o el paradero de su armamento. Este hecho zarandeó las mentes de un equipo de criptógrafos del bando aliado, que dedicó su tiempo a descifrar el contenido mediante complejas máquinas. Hasta el 25 de octubre, el Espacio Efemérides acoge una muestra de estos aparatos históricos dando a conocer una parte del patrimonio tecnológico del siglo XX.

La exposición presentada en pequeño formato centra su atención en la máquina de cifrado alemana Enigma, construida en los años 20 por el ingeniero Arthur Scherbius. En un principio el invento estaba destinado a los bancos y empresas comerciales, que la utilizaron para mantener su información a salvo. Sin embargo, Hitler no dudó en hacerse con ella para modificarla y transmitir sus comunicaciones por radio.

Máquina de cifrar Enigma Modelo K-356 (1923-1940) | Fuente: Patricia Merello Guzmán

Desde los tiempos de Julio César, la criptografía se encarga de cifrar y descifrar mensajes, habitualmente, respondiendo a cuestiones militares y diplomáticas. El primer caso se remonta a la Guerra de las Galias, donde Cicerón recibió una nota en la que el dictador había sustituido las letras romanas por las griegas. Pero fue durante la Segunda Guerra Mundial cuando esta disciplina tomó relevancia, pues los japoneses desarrollaron la máquina Púrpura, muy similar a Enigma, y los militares estadounidenses utilizaron la M-209.

Hasta 10.000 personas fueron reclutadas para sacar a la luz los mensajes codificados del III Reich. Lingüistas, ingenieros o matemáticos formaron parte de Bletchley Park, una instalación militar conocida como Estación X, que estaba situada en el norte de Londres. Fue allí donde los más inteligentes del país trabajaron para el servicio de inteligencia británico.

Entre ellos se distinguió al pionero de la computación Alan Turing. El hombre que sería hallado muerto junto a una manzana, estuvo al mando del barracón 8, encargado de descifrar los códigos de la Enigma de la marina alemana. “Una de las más complicadas dado que contaba con un rotor adicional y sus operadores eran extremadamente escrupulosos a la hora de su utilización, lo que la hacía prácticamente impenetrable”, explica el investigador José Manuel Sánchez en la revista Pensamiento Matemático de la Universidad Politécnica de Madrid.

Pese a sus malas calificaciones durate su etapa en el colegio, el matemático Alan Turing logró descifrar los códigos enviados y conocer la posición de los submarinos nazis que tenían sometido a Reino Unido. El hecho de que cada barco portara una máquina Enigma ayudó a desvelar sus localizaciones. De esta forma, pudo dirigir a la flota aliada a un lugar seguro, alejado del conflicto bélico.

La muestra también da visibilidad a las mujeres que colaboraron en acortar la duración de la guerra. Estas constituyeron las tres cuartas partes del personal de la Estación y desempeñaron trabajos de escucha y traducción, entre otros. La experta en alemán Mavis Lever o las licenciadas en matemáticas Joan Clarke o Margaret Rock son algunas de las empleadas que tuvieron vital importancia en Bletchley Park. De hecho, Clarke llegó a ser subdirectora del equipo donde trabajaba Turing.

Numerosas mujeres trabajaron en la desencriptación de códigos en la instalación militar Bletchley Park | Fuente: Periódico The Telegraph

¿Cómo funcionaba Enigma?

Considerado muy avanzado a su época, este artefacto era similar a una máquina de escribir, pero con una batería y sin papel. Estaba configurada para que sus mensajes se transmitiesen en código morse de forma que, otra máquina Enigma los descifrara al otro lado de la línea. Además, el ejército alemán modificaba diariamente su código, por lo que el grupo de aliados solo tenía un día para poder descubrir su contenido. Al día siguiente, la investigación comenzaba desde cero.

Durante la Guerra Civil, las funciones de esta máquina atrajeron al general Franco, que adquirió varias a los ejércitos alemanes. Fue el jefe de la Oficina de Escuchas y Descifrado y comandante Antonio Sarmiento quien estuvo al cargo de la dirección de estos dispositivos en España. Su objetivo era adiestrar a los operarios nacionales para que hiciesen uso de este arma secreta desconocida por los militares republicanos.

La Estación Modelo AN/GRC-9Y estadounidense de 1944 solía instalarse en los jeeps del ejército | Fuente: Patricia Merello Guzmán

Un trocito del siglo XX se encuentra reflejado en esta propuesta museística donde se pueden observar la máquina de cifrar modelo Clave Norte o Clave San Carlos (1936-1939), la Enigma Modelo K-356 (1923-1940) o la Estación Modelo AN/GRC-9Y estadounidense de 1944. Asimismo, presenta datos desconocidos hasta mediados de los 70. Esto se debe a que el entonces primer ministro de Inglaterra Wiston Churchill mandó eliminar toda la documentación referente a los trabajos de Bletchley Park.

Las personas interesadas en adentrarse en el mundo de la criptografía pueden visitar la Fundación Telefónica hasta el jueves 25 de octubre, de martes a domingo en horario de 10:00 a 20:00. Esta exposición ha sido comisariada por Reyes Esparcia y ha contado con la colaboración del Museo del Ejército, el Museo de Radiocomunicacion Inocencio Bocanegra, Crypto Museum o Enigma Museum.

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