El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía celebra seis años de aproximación al feminismo artístico

La poca presencia de artistas femeninas en los museos nacionales frente al número de graduadas en Bellas Artes, que ronda el 70 %, es un hecho. El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía lleva seis años dando voz a aquellas mujeres que siempre quedaron en segundo lugar a pesar de su talento.

Fachada del edificio Sabatini del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Foto: Lorea Reyes Oraá

Todos los miércoles a las 19:15h discurre la visita guiada gratuita Feminismo, que aborda el papel y la visibilidad de la mujer en el arte desde finales del siglo XIX hasta el final de la Guerra Civil Española, aunque sus protagonistas son internacionales.

“Es la actividad guiada más antigua. Con estas rutas queremos hacer un pequeño recordatorio, un pequeño homenaje a las artistas, que algunas de ellas fueron exiliadas y, por tanto, doblemente olvidadas”, explica Magdalena, mediadora cultural de la pinacoteca.

El itinerario transcurre a lo largo de la segunda planta del edificio, donde abunda el olor a pintura de las paredes. Si el recorrido visita a mujeres artistas, las visitantes también lo son: diez frente a dos hombres. “En todas las jornadas acuden más mujeres, quizás porque este tema nos afecta más que a ellos”, cuenta Magdalena.

Sin embargo y a pesar de los esfuerzos por acercar el feminismo artístico a la sociedad, en la colección permanente del Museo Reina Sofía, tal y como afirma Magdalena, tan solo se encuentran 20 mujeres “entre cientos de artistas”, un hecho que es usual entre los museos europeos. “Tenemos que hacer una relectura en el arte, la historia está llena de ausencias femeninas y las que hay se pueden contar con los dedos de una mano”, manifiesta la mediadora.

En la primera parte de la exposición encontramos la primera película de la historia Salida de la fábrica Lumière, de 1895, época en la que las mujeres se incorporaron al mundo laboral y reivindicaban el derecho al sufragio. Continuando el recorrido, nos detenemos delante de la obra La tertulia del café de Pombo (1920), de José Solana, en el que se aprecia a una cuadrilla de hombres en el bar y la única mujer presente, esposa del dueño del negocio, está en el reflejo de un espejo.

La mediadora explica las diferencias de la época a la hora de pintar a las musas, y el mejor ejemplo para hacerlo es comparar el cuadro de Sonia de Klamery (echada), pintado por Hermen Anglada Camarasa y Mujer en azul de Picasso. Aunque ambos de temática muy distinta, los dos están creados para el disfrute de un espectador masculino y heterosexual, “los consumidores de arte de la época”. Durante el recorrido apreciamos cómo las obras de las artistas fueron menospreciadas por el hecho de ser una mujer la que lo había pintado.

La primera artista con la que se topa la visita es Dora Maar, artista y fotógrafa francesa que vio su carrera eclipsada por su breve relación con Picasso. También tienen su espacio Maruja Mallo, Germaine Dulac, Sonia Delaunay y Ángeles Santos.

Unas visitas guiadas que aportan un pequeño brillo en el largo recorrido del reconocimiento de la mujer en el arte, que pasan de ser el objeto de la pintura a ser el sujeto.

 

Obras de la visita

 

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