El Centro Sociocultural José de Espronceda lleva al escenario la crisis de los refugiados

Goteras. Solo eso. Así describían a los refugiados el entonces ministro del Interior español, Jorge Fernández Díaz,y Nicolas Sarcozy, el entonces presidente de la República Francesa, en 2015. Ambos criticaban el programa de reubicación de los solicitantes de asilo y se posicionaban a favor del reasentamiento, ya que aplicar el primero sería como si «el fontanero esparce una fuga de agua en casa», «como si en lugar de taponar las goteras repartimos el agua entre distintas habitaciones».

Probablemente las desafortunadas declaraciones de Sarcozy y Fernández Díaz solo tuviesen un efecto positivo: que en un taller de laboratorio dramatúrgico de la Universidad Carlos III de Madrid a cargo de José Sanchís Sinisterra se fraguase el texto de lo que sería la obra «La Gotera«. No solo los políticos mencionados anteriormente fueron fuente de inspiración de esta obra, sino que los creadores supieron unir el relato ‘Sospecha’ de Thomas Bernhard, el caso de Dominique Strauss-Khan, ‘Hamlet’ y ‘Las mil y una noches’ en la obra de teatro que se representó el pasado viernes, 17 de noviembre, en el Centro Sociocultural José de Espronceda, donde se cubrió el aforo máximo varios minutos antes de empezar la función.

Patio de butacas al completo en el Centro Sociocultural José de Espronceda/ Claudia Martín Collar

La obra narra la historia de Sherezade (Mapi Plácido), una joven refugiada siria que es acogida en España y trabaja como camarera de pisos en un hotel. Sherezade es una mujer trabajadora, que trata de integrarse en su país de acogida, pero que añora su vida en Siria, que frente a los problemas se refugia en las historias que su madre le contaba cuando era niña. María (Lucía Bravo), la encargada del hotel, es una mujer muy ocupada, que delega todas sus responsabilidades familiares en Yasmina, la niñera de su hija adoptada y que, si bien normalmente se muestra amable con Sherezade, nunca consigue imponer su criterio y ser coherente con lo que opina. Juan Carlos Puerta interpreta al político déspota e indiferente a cualquier crisis humanitaria.

El destino de estos tres personajes se cruza cuando María le encarga a Sherezade que se ocupe personalmente de la estancia del ministro en el hotel, quien acaba abusando de ella en una de las ocasiones en que la joven refugiada acude a su habitación para darle unas toallas. A partir de este suceso, las debilidades de los tres personajes se desvelan: María, indudablemente preocupada por el bienestar de su empleada, no tiene el valor suficiente para ponerse de su parte y acaba cediendo a las presiones de sus superiores y de la prensa. El ministro saca su lado más perverso y denuncia públicamente el acoso de Seherezade, que tras ser despedida por María, aislada por la sociedad y humillada por la prensa, decide poner fin a su vida.

 

Sherezade/ eldiario.es

 

Según los últimos datos de ACNUR, 28.000 personas todos los días se ven obligadas a huir de su lugar de residencia  para buscar asilo en otro país. Sorprendentemente, los principales países de acogida (Turquía, Pakistán y Líbano) están aún en vías de desarrollo e incluso adolecen una situación interna democráticamente preocupante. Con la cuestión catalana y el ascenso de la extrema derecha en las últimas elecciones europeas y estadounidenses, la crisis de los refugiados parece haber pasado a un segundo plano. Sin embargo, en el año 2016, 20 personas abandonaron su hogar cada minuto.

Tanto este hecho como el penoso cuestionamiento al que se somete a las víctimas de violencia sexual, como vimos recientemente en el caso de ‘la manada‘ , son dos temas que se tratan en esta obra en la que la ficción y la realidad se fusionan para crear un relato conmovedor e ineludible.

 

 

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