En busca del paraíso propio en Nave María

La primera edición de “Paraísos” organizado por Lugar:Ahora, en la Nave María, fue una experiencia enriquecedora. Alrededor de 40 personas se acercaron a presenciar la charla de Clara Montoya de su proyecto “Tu”, sobre el río Whanagui declarado persona jurídica, y la performance, exclusiva para esta edición, que realizó Ana Matey.

Nave María. // Fuente: Andrea Manzano

Nave María, no es solo una ubicación

El evento dio comienzo a las 12:00h del mediodía, con todos los asistentes situados en sus sillas, esperando el comienzo de la primera parte de esta edición. La Nave María, encargada de acoger el primer “Paraíso”, es un pequeño local situado en la Travesía Beller, en el distrito de Tetuán. Un proyecto que nació en 2016, basado en la gastronomía y la cultura. Se considera un lugar de encuentro donde poder dar rienda suelta a la creatividad de cada uno. En su página web abogan por dos conceptos fundamentales son la luz que “nos inunda y nos llena de energía” y el sabor “de los platos que aquí se preparan” con una cocina cercana y regenerativa.

Clara Montoya, el paraíso del pueblo maorí en Nueva Zelanda

Clara Montoya. // Fuente: Andrea Manzano

Clara Montoya (1974), artista y escritora, entre otros oficios, fue la encargada de abrir esta sucesión de eventos artísticos que han preparado desde Lugar:Ahora. La charla sobre su proyecto “Tu” está relacionada con la búsqueda del paraíso de cada persona. Fue lo que Montoya buscó explicar en su exposición, como cada ser humano puede tener su propio paraíso, como lo es el río Whanagui para los maoríes. El anclaje principal del proyecto es el río Whanagui, que fue declarado personalidad legal en 2017, gracias al pueblo maorí.

Para llegar a ello, se encuentra detrás un litigio de más de 100 años donde la tribu maorí ha tenido que aprender cómo funciona el sistema judicial anglosajón, para lidiar con el Parlamento neozelandés. Finalmente, el pueblo maorí consiguió que se les otorgará la ley, para considerar el río como una entidad viva. “Fue una gesta de tesón y optimismo”, aseguró Montoya. Los maoríes consideran el río Whanagui como su ancestro. Por tanto, es un familiar más para ellos. Se trata del tercer río más grande de Nueva Zelanda, con 290 kilómetros, situado al sur del país.

“Yo soy el río y el río soy yo”, un dicho que la tribu maorí lleva por bandera. Y es que, para ellos, no es solo un raudal, sino que es algo sagrado que deben cuidar como su familia. Por ello, cuando el río adquirió personalidad jurídica, paso a estar bajo la tutela de una persona. “Ese individuo es el representante del río, la cara humana y se llama Te Pou Tupua. Se debe encargar de preservar y mantener el río como un lugar de vida para muchos seres”, específico Montoya durante la charla.

Ana Matey, te acerca al paraíso

Ana Matey (1976) es artista multidisciplinar, performer, fotógrafa y dinamizadora cultural. La madrileña preparó una performance única para la edición “Paraísos”. Se titula “Sobre el Paraíso” y es una obra abierta. Es la pieza número 13 de la serie “Conversaciones”, en la que lleva trabajando desde 2015, y en cada una de ellas tiene un concepto propio. En este caso, intenta acercarnos al paraíso de cada uno y pretende estimular al espectador, hacerle pasar por una serie de estados, emociones o pensamientos propios. Antes de que comenzará la charla de Clara Montoya, Matey fue preguntando a los asistentes sí existían o no, los paraísos, para complementar así la parte final de la performance. Gran parte de las personas respondieron con un sí y otros pocos se decantaron por el no como respuesta.

“La performance la construyó mediante diversos paisajes visuales y sonoros, con una serie de elementos naturales recolectados en la montaña donde vivo”, contó Matey. Los protagonistas de la actuación eran el silencio, intercalado con los diversos sonidos que realizaba Matey, con diferentes artilugios. Entre ellos se podía encontrar c, entre otras cosas. Todos esos objetos formaron parte de la performance de la artista, que realizaba distintos sonidos con cada uno de ellos, realizando al mismo tiempo movimientos con el cuero y el objeto.

Ana Matey. // Fuente: Andrea Manzano

La actuación tuvo varias fases. Comenzó desojando el tronco, envuelto en la manta negra que utilizaría posteriormente. Tras destapar el leño, se sentó sobre una silla, se colocó la capa negra sobre el cuerpo dejándose sin vista. Se puso unas gafas doradas sin lentes, unas ramas de trigo en la boca y comenzó a echarse ceniza a través de dos coladores, generando el sonido golpeando ambos y dejando la ceniza caer. Después, se deshizo de la manta y comenzó a realizar varios movimientos leño, colocándoselo en la cabeza, en la espalda y abrazándolo, con la intención de mostrar el equilibrio entre la naturaleza y los humanos.

Acto seguido se colocó de pie, encima de la silla que utilizó al comienzo de la performance, para fabricar un sonido musical con dos finos hilos que colgaban desde el techo. Generando un ambiente de tranquilidad con una melodía generada con el movimiento de sus dedos sobre el hilo. Posteriormente, se sentó en la silla y comenzó a colocarse los papeles donde tenía las respuestas, de sí o no, sobre si existen los paraísos, que había realizado al principio. Fue enumerando cada respuesta en voz alta, un total de 38 síes y tres noes. Para terminar su performance en otra de las salas de la Nave María, sumergiéndose, con la ropa y las notas, en un pequeño estanque, para poner fin, así, a su performance.

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