Cada domingo cientos de vendedores ambulantes, minuciosos ropavejeros,
turistas abrumados, pijos coleccionistas, pícaros, locos y nostálgicos, llegan
hasta la Ribera de Curtidores para vender o revender, comprar o curiosear en el
mercado más grande y antiguo de todo Madrid: El Rastro.
Y ahí entre cientos de personas, vendedores y compradores, me
encuentro yo, viviendo esta experiencia en carne propia, en uno de los mercados
ambulantes más emblemáticos del mundo. Acá se puede comparar desde un plato y
un vaso, pasando por un bastón, unos lápices, peladores de patatas, y hasta “libros
raros”. No faltan los objetos exóticos como la taza de un retrete o celulares
del ciclo pasado.
“Todo barato, barato, pase, no encontrarán mejores precios
que acá”, grita con todas sus fuerzas una mujer que nos hace ingresar hasta su
pequeña tienda de abrigos. Unos ejemplares realmente preciosos, todas las
tallas, todas las calidades y de precios muy baratos, el más caro 60 euros.
Toda una ganga.
Con más de 400 años de historia y unos 3500 puestos de
mercaderes, en el Rastro no importa mucho el tesoro, importan los piratas.
“Yo vendo en el Rastro hace más de 20 años, mi padre me enseñó a trabajar acá y yo he continuado con esa tradición. Como verás tengo vestidos, joyas y mantas de la India. Yo mismo viajo hasta allá para traer lo mejor y con el mejor precio”.
El tiempo parece detenerse en el rastro, y a partir del mediodía,
es el momento más candente de este mercadillo, que está cubierto por un mar de
gente y se pueden escuchar varios idiomas.
Cuenta la historia que su nombre se debe al “rastro de
sangre” que dejaban las reses cuando se sacrificaban y se traían desde el
matadero. En esta zona se ubicaban las tenerías que aprovechaban las pieles
para su curtido y de ahí el nombre de su principal vía: calle Ribera de
Curtidores.
Desde esa época hasta hoy, es muy tradicional encontrar
objetos y vestimentas de cuero. Correas, billeteras, casacas, carteras, monederos,
todo a un buen precio.
“Bienvenidos al Rastro de Madrid, acá están las mejores
carteras de cuero. Hay precios desde 5 euros, 15 euros, 25 euros, pasen que ver
es gratis”, de esta manera, Juan llama la atención de los cientos de
visitantes.
“Yo trabajo con mi Yayo desde hace 10 años, él se encarga de
hacer las billeteras, es un artesano, la gente viene acá y lo felicita. Siempre
nos va bien, le debemos mucho al Rastro”.
Ya son las 3 de la tarde y rápidamente todos los vendedores comienzan
a guardar sus productos. El mercadillo se despide así hasta el próximo domingo.
Una vez más la calle está vacía, pero el espíritu del mercadillo nunca muere.
Escrito por Rosario Victorio Cahuana
en jueves, 21 | noviembre | 2019. Archivado en Centro,Madrileando.
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