La Puerta de Alcalá es el símbolo de Madrid por antonomasia. Es uno de los monumentos más vistos por los turistas y también uno de los puntos de mayor interés en los visitantes. Se podría decir que París tiene el Arco del Triunfo, Berlín la Puerta de Brandenburgo y Madrid, la Puerta de Alcalá.
Siguiendo con la famosa entrada a la ciudad, se debe saber que, el monumento que conocemos hoy nada tiene que ver con las Puertas de Alcalá que han habido en un lejano pasado. Y, según los documentos que hay, se ha demostrado que ha llegado a haber hasta tres puertas diferentes.
Llegados a este punto, os preguntaréis el por qué de estas diferencias. Su razón es muy curiosa y un tanto inverosímil.
Para ello, debemos remontarnos en la etapa entre la segunda y la tercera Puerta de Alcalá. Como ya he comentado antes, el Rey Carlos III quería una monumental entrada que fuera afín a su grandeza, por eso pidió a varios arquitectos muy prestigiosos de la época realizar diseños que fueran de su gusto. Entre esos arquitectos se encontraba Ventura Rodríguez, un maestro del diseño con gran renombre en Madrid.
Rodríguez, llegó a entregar al Rey hasta cinco planes diferentes, pero ninguno satisfació al monarca. Por eso, Carlos III decidió contactar a Francesco Sabatini, creador del Palacio Real de Madrid, para realizar su esquisita obra.
De esta manera, Sabatini, le mostró dos diseños diferentes para que el Rey decidiera cuál de sus sugerencias le gustaba más. Carlos III se quedó tan impresionado por sus bocetos que alabó su trabajo y reconoció que los dos diseños le parecían perfectos; también declaró que no podía decidirse por uno solo. Ante la ambiguadez del Rey, Sabatini, se mostró dubitativo, ya que la puerta debía realizarse y tenía que decantarse por alguna de sus propuestas. El diseñador entonces, decidió emprender una decisión salomónica: usar los dos prototipos para realizar la puerta (por eso cada lado de la puerta tiene diseños diferentes).
Por otro lado, un detalle curioso que suele pasar desapercibido es que la Puerta de Alcalá era, de hecho, una puerta. Lo que en un principio parece una cuestión obvia, en realidad es un dato relevante, ya que hasta hace casi 150 años, para acceder a la ciudad, se debía abrir una de las entradas. La próxima vez que paséis por la rotonda, fijáos que todavía perduran las bisagras que sujetaban dicha puerta en 1868… ¿Os imagináis la Puerta de Alcalá como portón? La verdad es que sería, quizás, un poco fea… supongo.
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| Fotografía: Asier Mendizábal Merino | Imagen sacada con un teleobjetivo porque las bisagras son muy pequeñas |
Las pequeñas lápidas de alrededor
Si sois muy observadores, habréis encontrado que alrededor de la Puerta de Alcalá hay unas figuras pequeñas muy extrañas. ¿Qué son esas señales, que parecen lápidas? La respuesta os va a sorprender.
En realidad, estas señales son mojones y su leyenda es realmente sorprendente.
Una vez al año la circulación de las carreteras de la calle Alcalá se cierra para los vehículos, pero no porque haya concentraciones, manifestaciones, marchas, acontecimientos deportivos o huelgas. Tampoco se ve ese día a gente, vehículos motocicletas o bicis… ¡Sólo se ven miles de ovejas que toman la calle! ¿Y la razón? No es porque sea un día festivo, ni porque sea el día de las ovejas (para ver el día de animales, pulsar aquí)… es por una ordenanza del año 1273.
En la época del Rey Alfonso X, se creó una asociación de personas que tenían ganado, la organización se llamaba Honrado Consejo de la Mesta. En ella, los miembros exigían disponer de privilegios para poder pasar con sus animales por los caminos de todo el país. De tal manera, podían trasladar los animales, del norte al sur de España, buscando los mejores pastos y evitar los fríos invernales.
Para oficializar estos caminos, se crearon símbolos conocidos como «cañadas reales», que estipulaban por qué senderos tenían que ir los miembros de la organización del ganado. Actualmente ya quedan pocas señales como ésta, y los que existen, habitualmente suelen ser de caminos usados por excursionistas y ciclistas. Ahora son conocidas como «vías pecurias».
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| Fotografía: Asier Mendizábal Merino | La tumba de los enanitos que está entre la Puerta de Alcalá y el Parque del Retiro |
La señal de la foto de arriba es una de las pocas que quedan, y está situada entre la Puerta de Alcalá y el Parque del Buen Retiro. En su inscripción se puede leer «Cañada de 75,23 m», que significa que la anchura del camino estipulada para el ganado es de 75,23 metros. También podemos encontrar otra parecida en la esquina noreste de la Plaza de la Independencia.
En España, sólo quedan nueve caminos que se conservan, ya que recordemos, las Mestas fueron creadas casi 900 años, y hoy en día casi todas están destruídas o asfaltadas. Estas Mestas fueron abolidas en 1836, pero en 1995, desde el gobierno, se hizo una ley para promover y salvar las pocas señales que quedaban.
Por eso, hoy en día, cada años, desde 1994, el último domingo del mes de octubre, la ciudad se llena de miles de ovejas, que van desde la Plaza Cibeles a la Casa del Campo, para reivindicar una ley que los pastores todavía disponen. ¡Y ni siquiera la policía puede detener esta marcha!
¿Son esos agujeros lo que parece que son?
Pues sí. Mucha gente que se acerca a la Puerta de Alcalá se fija en unos orificios que hay en la parte de abajo. Muchos se preguntan si se trata de un defecto de la obra, de sarpullidos o de balas de escopeta o fusil. La respuesta correcta es la tercera.
En la Guerra Civil de España, Madrid era a menudo atacada por las tropas nacionales y todavía queda rastro de ello (no sólo en la misma Puerta de Alcalá, sino también se pueden apreciar huecos de balas en algunos edificios de alrededor). Asimismo, en 1823 con los «100.000 Hijos de San Luis» también se vio afectada, aunque de menor medida, la Puerta de Alcalá: El duque de Angulema invadió la capital ayudando a Fernando VII a acabar con los liberales. Por ello, los defensores, excavaron trincheras en la mismísima calle de Alcalá para protegerse de la invasión francesa.
No obstante, nuestra querida Puerta, ha sido restaurada en numerosas ocasiones (la última fue en 2001). Pero los huecos de las balas nunca fueron tapiadas. Por eso me pregunto ¿Se debe dejar el recuerdo del drama en los lugares significativos de la ciudad para recordar nuestra historia ò deberíamos tapar nuestras tragedias con el fin de cerrar «y pasar página» con el pasado? Ahí dejo el debate…