Villaverde disfruta de una Escuela de fútbol desde hace 44 años

Imagen de un partido del Villaverde./ Carolina Álvarez Albalá
Imagen de un partido del Villaverde Boetticher./ Carolina Álvarez Albalá

En el año 1972 nace la Escuela de Fútbol de Villaverde, idea que había tomado forma gracias a un grupo de amigos que disfrutaban jugando a este deporte, y que habían creado dos años antes la Sociedad Recreativa Villaverde. Esta iniciativa era una oportunidad para aquellos chicos del barrio que querían formarse y, si había suerte, ir avanzando hasta convertirse en profesionales.

El Villaverde jugó en el mismo campo durante 10 años, hasta que los terrenos fueron expropiados para construir viviendas sociales en la que es ahora la zona de Plata y Castañar. El club y la Escuela tuvieron que buscar un nuevo «hogar», por lo que en 1988 se fusionan con la Sociedad Recreativa Boetticher y Navarro, equipo fundado en el año 1948 por la empresa homónima, y que había sido un histórico de la 3ª División española.

De esta manera nace la Sociedad Recreativa Villaverde Boetticher Club de Fútbol, pasando a jugar el equipo, en el mítico campo del Boetticher, uno de los pocos estadios con césped de la categoría, y que incluso contaba con un velódromo, ya que en los años 50 y 60 del pasado siglo, el ciclismo en pista convocaba a multitud de aficionados. Con este traslado, se pretendió seguir con la filosofía de «fomentar una labor social y un trato familiar, lo que ha hecho sentir a todo jugador del Villaverde, que Boetticher era su segunda casa», señala el propio equipo.

La Escuela cuenta con más de 500 niños y niñas en total, lo hace que esta sea sin duda «una de las más valoradas y aceptadas por los padres», según la misma. El centro dispone de equipos en todas las categorías, desde prebenjamines hasta infantiles, quienes cuentan con unos entrenadores que trabajan a diario, para transmitir cómo crecer de forma individual y cómo trabajar en equipo. La Escuela señala lo siguiente, «valoramos el aprendizaje y basamos nuestros entrenamientos en una forma de vivir, creando compañerismo y una educación dentro del campo, respetando al compañero a través del fútbol».

Es necesario señalar la importancia de la cantera o las Promesas como se hacen llamar dentro del equipo. El pasado domingo, en el encuentro que enfrentaba al equipo de Parla y de Villaverde, «hubo demasiadas bajas por lo que tuvimos que convocar a jugadores del Promesas», que aun así, «dieron la cara, ya que  seguimos sin perder y puntuamos» analiza Paco Senda, actual entrenador del Villaverde Boetticher.

Afición disfrutando del encuentro./ Carolina Álvarez Albalá
La afición disfrutando del encuentro./ Carolina Álvarez Albalá

En el encuentro celebrado en el campo del Boetticher, a pesar de la intensa lluvia, se reunieron tanto aficionados de un Villaverde que jugaba como anfitrión, como de la A. D. Parla, el equipo visitante. Todos los allí presentes guardaron un minuto de silencio en honor a las víctimas del club de fútbol Chapecoense de Brasil, fallecidas cuando el avión en el que volaban se estrelló en las cercanías del aeropuerto de la ciudad colombiana de Medellín. El minuto de silencio concluyó con los aplausos de ambas aficiones, y los integrantes de ambos equipos se intercambiaron banderines y saludos, lo que indicaba el comienzo del encuentro.

Los seguidores del Villaverde Boetticher disfrutan del fútbol, tanto dentro como fuera del distrito.

Hay que señalar que los fieles seguidores que, cada dos domingos acuden al campo del Boetticher, también se desplazan a otras ciudades de Madrid como Pinto, para así poder disfrutar de su equipo. Antes de cada partido, suena en los altavoces el himno del club, y no faltan los bocadillos, bolsas de pipas y cerveza, que sustituyen al clásico aperitivo de los domingos a media mañana.

Niños jugando a la pelota en el campo del Villaverde./ Carolina Álvarez Albalá
Niños jugando a la pelota en el campo del Villaverde./ Carolina Álvarez Albalá

En cuanto el árbitro indica el comienzo del partido, los asistentes toman sus asientos, que en este caso están hechos de piedra, pero ni el frío ni la nieve hará que falten a la cita de ese domingo. La mayoría se encuentra a cubierto en el lateral que se encuentra techado, salvo los «ultras», que se sitúan justo enfrente, a la intemperie y con paraguas, pero con la «acogedora» cercanía del bar.

Empieza el partido, y con ello «la batalla» de gritos de ánimo por parte de ambas aficiones, ya que hay seguidores del Parla entre el público. Unos animan a los suyos que van de verde al grito de ¡Villaverde, Villaverde, Villaverde! y los parleños a sus jugadores, que llevan un uniforme a rayas azules y negras que bien puede recordar al famoso Inter de Milán. 

Los aficionados, abrigados con sus bufandas, animan a los suyos con bombos y con la voz, para así mostrar su apoyo a unos jugadores que avanzan difícilmente en un campo que está muy pesado por la lluvia. La parte techada se ve maltratada por ese agua que ha formado goteras, algo que no parece importar a un público que sigue entregado a su equipo.

 

 

 

 

 

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