Viaje al pasado en la Estación de Chamberí

Centenares de personas caminan con prisa por las distintas paradas del suburbano, ajenas a las muchas historias que aún arrastran sus raíles. Este viaje en el tiempo conforma, junto a la Nave de Motores de Pacífico, el Andén 0

En la Plaza Chamberí se encuentra la estación homónima, cerrada en 1966 y convertida en museo en 2008. La estación de la línea 1 de Metro fue diseñada por Antonio Palacios, quien configuró el interior, los accesos y la estética de las primeras líneas del suburbano. El arquitecto consiguió atenuar el posible rechazo del público a la utilización del transporte subterráneo, a través de azulejos brillantes y colores luminosos en los espacios de tránsito para los viajeros.

Entrada Andén 0|Fuente: Ana Fernández de la Reguera Hermoso

En el vestíbulo se ofrece un pequeño homenaje a las taquilleras de metro, quienes dan la bienvenida a los viajeros de este túnel del tiempo. El Ferrocarril Metropolitano fue una de las primeras empresas en emplear mujeres, sin embargo, se exigía estar soltera o viuda y, hasta los años 80, se les obligaba a abandonar el empleo al contraer matrimonio. Con este homenaje, Madrid se despide de este servicio ofrecido durante 98 años, y pone punto y final al puesto de trabajo desaparecido en abril para sustituirlo por el de supervisor comercial.

Tras atravesar las barreras de acceso y nada más descender al andén, aparece la más clara similitud que tiene esta estación olvidada con la actualidad: la publicidad. Llama la atención lo conservados que están estos anuncios de los años 20, a pesar de pertenecer a un espacio abandonado durante décadas. Esto se debe a la innovación publicitaria en papel, pues se pegaron unos carteles sobre otros hasta el cierre de la estación, formando un colchón de más de 10 centímetros de grosor que protegía a los anuncios más antiguos de las filtraciones y el tiempo.

La publicidad madrileña en los años 20 se elaboraba en exclusiva para el espacio que iba a ocupar, por lo tanto los anuncios eran muy costosos y solo las empresas importantes podían permitírselo: Cementos Portland, Longines, Jabones Gal, Almacenes Rodríguez, Aguas de Carabaña o Lámparas Philips. Sorprenden varios detalles, como una bombilla Philips incandescente de medio vatio, los números de teléfono de cuatro dígitos o que incluyan el registro del taller y el autor.

Los anuncios están decorados por un azulejo verde con motivos vegetales y en relieve, que también se puede ver en los vomitorios de salida y entrada, enmarcando los arcos, así como en la entrada y salida del túnel. Es en esta zona donde se encuentra el anuncio más pequeño pero a su vez el más cotizado, pues dispone de mayor visibilidad: una lata de vaselina Gal. Además, se conserva el rombo del metro original de la estación, que ha servido para su reproducción en chapa esmaltada (en el original figuraba el nombre del fabricante: Viñado-Zaragoza).

Rombo del metro|Fuente: Ana Fernández de la Reguera Hermoso

La clausura de Chamberí

En los años 60 Madrid aumenta su población y la demanda de transporte, por lo que el metro adecúa el servicio e incrementa el número de coches, de cuatro a seis. Las estaciones madrileñas tenían 60 metros de longitud y era necesario alargarlas 30 metros más. El problema de Chamberí era la curva pues, para que no descarrilara el tren se rebajó un metro el andén, pero los pasajeros que esperaban en él no tenían a penas espacio, por lo que se vuelve un lugar inseguro. Debido a que en la Línea 1 había varias paradas cerca se decide que no merece la pena la inversión y se cierra definitivamente en 1966.

La estación fantasma

Tras la clausura los accesos desaparecen pero eso no evitó que determinada población continuara entrando después del cierre del metro, saltando a la vía desde Iglesia o Bilbao; unos  pasaban la noche en Chamberí, otros alargaban su estancia. Así, cuando los viajeros del metro atravesaban esta estación observaban un ambiente siniestro lleno de sombras, de manera que se empiezan a alimentar los rumores de lo sobrenatural. Expertos recogieron sicofonías y el lugar está registrado como lugar fantasmagórico. De hecho, el responsable de Andén 0, Luis María González Valdeavero, relata en la introducción de su libro “Chamberí y sus fantasmas”:

“Los fantasmas existen: una cosa es que los veamos y otra que no, pero haberlos, haylos; que lo sé yo… y vosotros también”.

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