Vestigios gallegos en el norte portugués

El distrito de Vila Real esconde en el norte portugués la villa de Boticas, un lugar con un pasado heroico y un presente que lucha por recuperar sus vestigios.

Son necesarias un par de tardes para recorrer el centro del lugar y sus alrededores y empaparse de la cultura popular en un ambiente rural en el que también se pueden encontrar trazas de modernidad. Museos, ferias y fiestas tradicionales son los platos fuertes que esta villa regala a los visitantes.

Vista a la villa de Boticas desde el Museu Rural / Foto: Alba Moledo

 

Uno de los grandes atractivos de Boticas es, sin duda, la réplica en piedra del guerrero galaico encontrado años atrás en el Castro do Lesenho, que hoy en día es el motivo estrella de la plaza más céntrica del lugar. Para los interesados en la materia, una visita guiada al Centro Europeu de Documentação e Interpretação da Escultura Castreja (Cediec), situado en la misma villa, será de gran utilidad para obtener información sobre el guerrero galaico encontrado junto con otros tres más de los que también figuran representaciones en este museo, así como para sumergirse en en la innegable historia ‘castrexa’ que posee Boticas.

El Outeiro do Lesenho, cuya recuperación todavía no está concluida es, sin duda, la prueba más real y representativa de esto. Una visita a este poblado ‘castrexo’, además de ofrecer unas interesantes vistas panorámicas, es aconsejable para conocer de primera mano el lugar de donde parte la historia que custodia Boticas, cuyos vecinos, hace cientos de años, fueron guerreros galaicos.

Además de las réplicas de las esculturas, en el Cediec también se pueden observar algunos objetos encontrados en los numerosos castros que circundan circundan Boticas y las villas de los alrededores, así como mapas y otros documentos que contextualizan la época en cuestión y las que le siguieron, coronando Boticas como una de las villas clave dentro del patrimonio galaico y ‘castrexo’.

Réplica en piedra del guerrero galaico del Castro do Lesenho en la plaza central / Foto: Alba Moledo

El recinto del Cediec integra también las edificaciones que componen el Museu Rural, uno de los testimonios más directos de la memoria colectiva de los habitantes de la zona. En él se pueden observar diferentes utensilios agrícolas, domésticos, fotografías y mucho más. Una visita recomendable para conocer la cultura y la historia popular de Boticas.

Por otra parte, la villa acoge también el Centro de Artes Nadir Afonso, dedicado al arquitecto, pintor y pensador portugués, donde está expuesta parte de su obra pictórica.

Los atractivos de Boticas no solo se concentran en museos, ya que la arquitectura de la villa es digna de admirar, especialmente los puentes medievales, los molinos, las capillas y las construcciones que, actualmente, en su mayoría funcionan como casas rurales. El Boticas Parque Natureza & Biodiversidade es una buena opción para descansar a la sombra después de una jornada de paseo por la villa o de visita a los museos. Este espacio nació con el objetivo de convertirse en un referente en el ámbito del desarrollo rural sostenible en áreas de montaña, por lo que los visitantes deben hacer uso de él con la mayor responsabilidad, respetando al máximo su diversa flora y fauna, de las que abundan varios ejemplares autóctonos diferentes.

Probablemente, cualquier visitante que vaya a Boticas en verano encontrará a la villa preparando o celebrando alguno de sus numerosos eventos sociales. El Campo da Feira acoge dos multitudinarias ferias cada mes y, además, también se suelen celebrar otras como la Feira do Livro.

Por otra parte, las fiestas se suceden a lo largo del año durante varios días y la plaza central de Boticas casi siempre está ocupada por un gran escenario. Entre ellas, como curiosidad, destaca la fiesta de la Mesinha de São Sebastião en la que la calle principal se transforma en un inmenso restaurante al aire libre, puesto que en ella se encuentra dispuesta una mesa, de casi un quilómetro de extensión, repleta de comida de la que puede disfrutar quien quiera acercarse a la villa.

Fachada del Centro Europeu de Documentação e Interpretação da Escultura Castreja (Cediec) / Foto: Alba Moledo

Esta es una de las tradiciones más antiguas del norte de Portugal que en Boticas data del año 1809, cuando los vecinos le hicieron al santo esta promesa si evitaba que las tropas napoleónicas pasaran por la aldea. De esta época es también una de las piezas fundamentales de la gastronomía tradicional de Boticas: el Vinho dos Mortos, un manjar que no se debe dejar de probar cuando se visita el lugar y que también esconde detrás de si una curiosa historia, pues debe su singular nombre a los campesinos de la zona, que enterraron los bienes más preciados que poseían, entre ellos las botellas de vino, para que las tropas francesas no pudieran saquearlos. Tiempo más tarde, cuando las botellas fueron desenterradas, se dieron cuenta de que el vino poseía un exquisito sabor. A partir de entonces se hizo tradición y pasó a ser uno de los atractivos gastronómicos más importantes de la villa, junto con la miel que allí se elabora, de un intenso sabor con muchos matices. Cualquiera de estos artículos se puede adquirir en una ‘loja’ del lugar por un precio reducido.

Boticas es, por lo tanto, una villa cargada de tradición, curiosas leyendas y una importante carga histórica y cultural que no se puede pasar por alto cuando se visita el norte de Portugal.

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