Unión intergeneracional en el Centro Cultural Eduardo Úrculo

El pasado sábado, 16 de diciembre, el Centro Cultural Eduardo Úrculo volvió a triunfar acogiendo en su salón de actos la obra El hijo que quiero tener, una pieza teatral creativa y estimulante que reflexiona sobre la educación, la crianza de los hijos y los conflictos intergeneracionales que van aparejados a ellas.

El hijo que quiero tener es una obra de teatro creada por El Pont Flotant, compañía teatral nacida en el año 2000 como grupo de investigación de la técnica del actor y en la que, lejos de buscar la venta masiva de entradas, tratan de encontrar un espacio de creación y reflexión colectiva que se plasme en piezas teatrales contemporáneas.

Escena de «El hijo que quiero tener»/ Fuente: Teatro Abadía

El hijo que quiero tener, un homenaje a los que educan a la humanidad

«No tener un hijo es el acto más altruista y ecológico que puedes tener con la humanidad». Esa es una de las chocantes reflexiones que aparecen en en la primera escena, en la que el profesor que representa Àlex Cantó trata de impartir su clase inútilmente ante un grupo de alumnos de todas las edades con ansias de libertad.  En su discurso hace un alegato al egoísmo y la soberbia que se esconde muchas veces detrás de la decisión de traer un niño al mundo, de traer a una persona que nos adore incondicionalmente y que nos cuide cuando enfermemos.

La pieza teatral se desarrolla en un segundo espacio: el parque. En él, dos padres juegan con sus respectivos hijos. Esta vez, los niños no son actores de carne y hueso, sino bolas de plastilina: un guiño evidente a la forma absurda en que algunos progenitores tratan a sus hijos: infantilizándolos y sobreprotegiéndolos. En esta escena, la cordial conversación entre los dos padres pronto se transforma en una acalorada discusión acerca de las formas de criar a sus hijos, en la que la madre es una persona excesivamente protectora con su bolita de plastilina y el padre se caracteriza por ser un temerario que cree en el juicio independiente de su bola de plastilina de tres años.

Finalmente, la obra se desarrolla en el seno del hogar. Allí llega el cuentacuentos y la declaración abierta de los miedos de cada uno, que refleja cómo los años no parecen ser una barrera para unir a generaciones muy lejanas en el tiempo, más aún, estos miedos parecen repetirse, compartirse y unir a todas las generaciones haciéndolas humanas.

El hijo que quiero tener se ocupa, definitivamente, de una cuestión contemporánea a toda época habida y por haber: los hijos. Porque si los tienes, tendrás que educarlos como yo te diga. Y si no los tienes, ¿por qué no los has tenido? 

 

 

 

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