Una locura de otra época

Snježana Bokulić, directora de la OSCE durante la presentación del informe./OSCE
Snježana Bokulić, directora de la OSCE durante la presentación del informe./OSCE

¿Cuál es la diferencia entre España y Siria? ¿O qué distingue a Reino Unido y Corea del Norte? La multitud de diferencias que podremos encontrar entre tanto Estado probablemente se resuman en una idea fundamental: los primeros son democráticos y los segundos no.

Es una cuestión sencilla. Se lo han ganado a pulso, creen. Años de historia y de estabilidad en las urnas han construido una sociedad en donde cada uno tiene su papel y las posibilidades de escalar en el ‘estatus’ social se logran a través de los méritos adquiridos por cada uno. Sin embargo, parece que en los segundos, por supuesto desde el filtro occidental y con la máscara de salvadores, todo se hace mal: una sola persona es capaz de controlar a millones a base de cañonazos que silencian el grito más o menos unánime de cambio.

En 2007, el diario The Economist, uno de los más influyentes del mundo, publicó un informe denominado El Estado del mundo en 2007. De ahí, entre otros datos, se publicó cuál era la calidad democrática de los países. Por supuesto, en ese entonces, en los albores de la crisis occidental, todo marchaba genial: Europa, Estados Unidos, Canadá y Australia eran las claves del mundo. Un ejemplo a seguir de democracia y participación que los legitimaba a expandir su ‘doctrina’ –curiosamente, a base de cañonazos- por Oriente.

Desde los años cincuenta del siglo XX (qué atrás quedan esas fechas y qué vigencia tienen algunas), se formó en Helsinki una organización de carácter regional que se denominó OSCE, que en español significa “Organización para la seguridad y cooperación en Europa”.  Entre otras funciones se encarga de controlar la calidad democrática de los países miembros y cuyas conclusiones se redactan y publican en un informe. Se publican, pero no en España.

Ningún medio de comunicación ha decidido mover analizar un texto que más que un aviso, es un suspenso absoluto de la calidad democrática en España. Ya no hay más. Hemos sido examinados y sí, estamos en lo que la OSCE denomina “La Lista Negra”. Aquellos pocos que lucharon por aumentar la participación ciudadana, aquellos que creyeron que la ley no era igual para todos y había que cambiarla, aquellos que pensaron que era necesario hablar y configurar una nueva democracia… Aquellos, no estaban  locos. Fueron y son los embriones de un cambio de mentalidad que trata el Gobierno de Rajoy de callar, de hacer que parezcan unos revolucionarios antisistema, de hacer ver que van en contra de los intereses del Estado.

Desde luego, aquellos pocos locos que decían que la democracia aún no había llegado a España, no estaban desencaminados. Eso sí, mientras la OSCE pone en la lista negra a este país en un segundo plano, todos saben que el Madrid va ganando la liga.


Consulta el informe completo aquí.


 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.