Suciedad en las calles; civismo ausente

“Si necesitas una señal para usar la papelera, es esta”; “Un chicle tarda en desaparecer cinco años, pensar en la papelera es un segundo”; “Seguro que lo haces sin querer, pero quiere a tu ciudad”; “Suerte es tener un barrio limpio”. Eslóganes y más eslóganes. Todos ellos aparecen en los carteles que el Ayuntamiento de Madrid ha colocado cerca de papeleras y de contenedores de basura. ¿El objetivo? Concienciar a la gente de que tirar desperdicios al suelo y pegar chicles en los bancos está mal.

Dos años después del inicio de la campaña, cuyo coste inicial fue de 233.000 euros, tal y como recoge Vozpópuli, los resultados no parecen excesivamente positivos. Paseaba el otro día por la zona de Imperial cuando vi a un grupo de chavales comiendo patatas fritas y otros aperitivos. Las bolsas acabaron abandonadas a su suerte y a merced del viento y de las suelas de los transeúntes. Junto a los plásticos, pañuelos sucios y otros residuos; adheridas al suelo, vete tú a saber qué inmundicias.

Suciedad en las proximidades de Príncipe Pío.

Hace unos años tuve la oportunidad de vivir en Japón durante una temporada. Tokio es una ciudad colosal habitada por millones de personas. Sin embargo, las calles permanecen impolutas. ¿Por qué motivo? Principalmente porque hay una conciencia colectiva, el pensamiento de que la vía pública es de todos y de que es necesario mantenerla limpia. En España, en Madrid, en el barrio de Arganzuela, tenemos todavía la mentalidad esa del “ya lo recogerán”, o aquella que dice que “los barrenderos tienen que hacer su trabajo”. El problema es de civismo, indudablemente.

Los servicios municipales pueden funcionar mejor o peor, pero es responsabilidad de cada ciudadano guardar sus residuos y tirarlos en el lugar correspondiente. De la misma forma, los dueños de los perros deben recoger los excrementos y evitar manchar más de lo debido. En un tuit fechado el pasado 2 de noviembre, Manuela Carmena asegura que ve “con mucha alegría” que las quejas por la limpieza hayan disminuido. ¡Cómo estarían las calles antes!

Clara Patiño, residente en la calle Lineo, está de acuerdo con que las avenidas están muy sucias: “Es muy típico de los españoles esa falta de civismo”, comenta. Según Cristina Achau, también residente del barrio, el martes se encontró “tres vómitos sin recoger”. Afirma además que los olores son «horribles».

No he encontrado contenedores llenos a rebosar, la verdad sea dicha. Libre de huelga, los servicios de limpieza trabajan sin cesar para que la basura no se amontone. No obstante, sí detecto infinidad de papeles, plásticos y pegotes en carreteras y vías.

Uno de los cartelas del Ayuntamiento de Madrid

Debemos comprender que vivimos en sociedad y que las normas básicas de convivencia son esenciales. En el fondo es un problema profundo que tiene que ver con la educación. Si los adultos se deshacen de los envoltorios frente a sus hijos, ¿qué harán estos cuando crezcan? Más de lo mismo. Está en nuestra mano vivir en un vertedero o hacerlo en un entorno mucho más sano.

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