River Plate 3-1 Boca Juniors: de Gallardo al cielo

River Plate alzó su cuarta Copa Libertadores al cielo de Madrid frente a su eterno rival, Boca Juniors. Los xeneizes se adelantaron en el primer tiempo y el Millo lo empató en el segundo. En el alargue, Barrio se fue expulsado y River campeonó con goles de Quintero y Pity Martínez.

El cielo de Madrid encumbró por los siglos de los siglos a River Plate, el fantasma de la B nunca volverá a molestar a ningún millonario jamás. Desde el nueve de diciembre de 2018 el barrio de Núñez adquiere una relación de amor puro con la capital española. Allí los suyos desangraron al eterno rival, allí se quedó parte de Boca Juniors. Una mancha que quedará guardada eternamente en los corazones azules y amarillos. River celebró y Boca lloró en Madrid.

La final del siglo, a miles de kilómetros de distancia de Buenos Aires, tuvo tensión e intriga pero no fútbol. Poco importará a los campeones, menos todavía a los perdedores. Argentina deberá adaptarse desde ya a una nueva realidad, quedó definido: el papá es River. Este éxito mundial tiene patrón y timonel, un Marcelo Gallardo que desde 2014 no ha parado de ganar en el banquillo del Millo, acumula nueve títulos, entre ellos dos Libertadores.

Pero claro, la de este domingo no fue una Libertadores más, fue «la» Libertadores. Difícilmente se viva otra igual salvo que se vuelvan a encontrar ambos contendientes. La tensión y rivalidad da un paso más con la victoria de River, siempre podrá decir: «Yo campeoné en Madrid». Ahora bien, mucho tuvo que remar el conjunto de Gallardo para acabar remontando.

Empezó mejor plantado Boca, no tanto en la generación de ocasiones como sí en la tenencia de la pelota; la movía con más criterio y minimizaba cualquier atisbo de pérdida. Los jugones de River estaban totalmente desconectados del juego, Palacios y Pity Martínez deambulaban sobre el tapete del «Monumental« Bernabéu como pollos sin cabeza.

Las dos ocasiones reseñables del primer acto fueron un mal despeje de Pinola que casi se cuela en la portería de su compañero Armani, y un chut de Fernández al tercer anfiteatro tras un saque de esquina puesto en juego por Magallán. En estático nadie iba a generar grandes florituras porque ninguno de los dos estaba dispuesto a arriesgar más de la cuenta.

Lance del partido entre River Plate y Boca Juniors en el Santiago Bernabéu| Fuente: David Castaño.

Los errores en las finales se pagan, tanto es así que en el primer semi-error de River, Boca cobró la cuenta. Andrada despejó de puños, Nández recibió la pelota en la frontal de su área, filtró la pelota para Benedetto y el Pipa hizo el resto. Se adelantó a Pinola, dejó en ridículo a Maidana y definió frente a Armani con el interior de la bota derecha. Lo único que hizo mal el ariete de Boca fue celebrar el gol encarándose con todo rival con el que se encontró en su camino.

Cualquier equipo se habría venido abajo ante esa situación, más si su entrenador está sancionado en el palco y no puede dar indicaciones para virar el rumbo del choque, River no lo hizo. Gallardo tiene un equipo de los pies a la cabeza con un engranaje sólido; un equipo que sabe esperar y esperar hasta madurar la jugada.

El punto de maduración alcanzó su momento álgido mediada la segunda parte, cuando Palacios encontró un hueco para dejar de ser en potencia y convertirse en esencia. El medio argentino -seguido de cerca por el Real Madrid- tiró una pared con Fernández y luego se la regaló a Pratto. Pocos goles más fáciles habrá metido el ‘Oso’ en su vida, lo gritó como si le fuera la vida en ello. Cuando uno se juega la Libertadores el pasado da igual, el de Pratto muy ligado a Boca, donde creció y se formó en sus inferiores. La gratitud no da títulos.

La dinámica era para River, que pareció no querer hurgar más en la herida, sostuvo su juego en el medio y apenas inquietó a Boca hasta el final de los noventa reglamentarios. El quilombo se armó en el alargue, pues nada más empezar Barrios se marchó expulsado por doble cartulina amarilla. Boca quedó con uno menos y graves carencias físicas. Llegados a ese punto el uruguayo Nández no corría, cojeaba, como buenamente podía.

Que River tiene mejor equipo que Boca es algo que todos sabíamos aunque tampoco se había hecho visible, eso sí, se empezó a palpitar en el momento clave de la final. El miedo de los xeneizes contrastaba con el arrojo local, aunque por pura formalidad, porque en Madrid hubo igualdad, mucho hincha de River y mucho hincha de Boca.

El caso, nadie sabe muy bien de dónde, pero Quintero se plantó en la frontal y sacó un cañonazo a la escuadra de Andrada. Las caras de los hinchas de Boca parecían rostros de felicidad si se comparan con los que estaban viendo el choque en La Boca. Les animo a que los busquen lectores, tal vez puedan sacar algunos memes. En ese punto exacto, minuto 109 para más señas, el aficionado al fútbol supo que la copa iba a Núñez.

Los de Guillermo Barros Schelotto lo intentaron, con corazón pero sin cabeza, menos todavía respondían las piernas. Gago salió en los últimos compases y se rompió el tendón de aquiles a los pocos minutos. Este chico, que volvía a la que fue su casa, está peleado con los hados. Tres veces se ha lesionado gravemente en su carrera y las tres jugando contra River.

La tuvo Boca al final, por ese ardor que no tiene nadie más que Boca, Boca juega mal, pero Boca anota, pero Boca gana. Hasta ayer, porque Jara la mandó al poste en el añadido. Hubo corazones infartados en ese momento por ambos bandos. Salvo uno que latía con normalidad, qué importante es tener jugadores a los que la tensión no les impide pensar.

Pity Martínez vio subir a Andrada en busca de la épica, también vio venir el rebote que a la postre materializaría en el tercero. Qué listo, qué pillo. Cuando inició la carrera parecía Usain Bolt, cuando la acabó era un chaval de 25 años que tras el Mundial de Clubes pondrá rumbo a Europa.

 

Barros Schelotto se secaba las lágrimas en el banquillo y Tévez mascaba la tragedia sobre el campo. El de Fuerte Apache ha perdido varias finales a lo largo de su carrera pero nunca se había mostrado tan desolado como en el Bernabéu. Tal vez ya sea la última. El futuro de Schelotto también está en el aire, lo cierto es que en la final de finales su equipo no dio la talla, se esperaba mucho más.

No es una derrota más, es la derrota. Marca un antes y después en los Superclásicos que vendrán. Ninguno será parecido. Ha pasado un mes desde que se empezase a jugar, la lluvia y los barras brava quisieron aguar la fiesta, no la aguaron. Madrid fue el fin de fiesta para la Libertadores 2018, la que definió el fútbol argentino. River celebra, «Pues el invierno y el verano en Madrid siempre son buenos, desde la cuna a Madrid, y desde ‘Gallardo’ al cielo».

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