Por lo lícito, la salud y la tranquilidad

Los vecinos de Tetuán denuncian la clandestinidad de un negocio en auge: las cocinas ‘fantasma’

“Somos un barrio humilde y no nos dejan vivir en paz”, defienden los vecinos de Tetuán, un distrito joven y cosmopolita que, desde hace meses, vive inmerso en la ilegalidad de las cocinas industriales. Los ciudadanos de este barrio, situado al norte de Madrid, piden que se cierren estos locales en las zonas residenciales y se trasladen a los polígonos industriales.

Las cocinas industriales, fantasma o dark kitchens son locales de comida rápida adaptados en espacios pequeños. Estos establecimientos se valen de aplicaciones como Glovo o Just Eat, plataformas donde los clientes pueden solicitar su pedido. Su proliferación se debe, en gran medida, a la pandemia y al confinamiento, ya que se incrementó la solicitud de comida a domicilio.

En agosto de 2021, la calle Morando había cambiado. Sus vías estaban más saturadas por transportistas. El olor a refrito al salir a la calle era irritante, al igual que los ruidos. El aire estaba contaminado y se percibía por el picor de ojos y de garganta. Un local había abierto sus puertas bajo la licencia de “taller artesanal para realizar maquetas en 3D de obras”; pero resultó ser una cocina fantasma.

El descontento de los ciudadanos era coherente y real. No podían dejar que su salud estuviera por debajo de un negocio irregular. Se pusieron en contacto con el Ayuntamiento de Madrid y su alcalde, José Luís Martínez-Almeida. Pero, al parecer, no es fácil poner solución a su problema.

Tras un año de lucha, el Ayuntamiento ordenó el cierre de dicha cocina, pues reconocía “una serie de incumplimientos técnicos” que impedían prolongar su actividad. El 23 de agosto de este año, la Policía Municipal ordenó el “cese y demolición” de esta cocina ilegal donde intervenía La gran familia mediterránea, del reconocido chef Dani García. Sin embargo, los vecinos de Tetuán aseguran que continúan abiertos. “Esto es una fritanga que ya tiene aroma de corrupción. ¿Cómo es posible que se ordene cerrar la cocina, el 30 de agosto pidan una licencia de funcionamiento y se la den a los tres días?”, critican los vecinos de Morando.

Este es solo un ejemplo de una cocina industrial abierta en Tetuán. Las calles José Calvo, Algodonales, Araucaria, Sorgo y la Glorieta Miguel Rubiales también detectaron la apertura de este tipo de negocios. Los vecinos de Valdeacederas también sufren esta situación y así lo expone Pilar Cuesta: “Estas cocinas no nos dejan vivir ni descansar. ¿Quién se lleva el dinero? ¿Quién se enriquece a costa del sufrimiento de los ciudadanos? Me parece una falta de respeto a todos los vecinos que pagamos nuestros impuestos. A algunos se les debería caer la cara de vergüenza”. Pero las quejas y la continua lucha también obtienen su resultado. En junio se aprobó una modificación del Plan General de Ordenación Urbana(PGOU). Este documento antepone la instalación de las dark kitchens en zonas industriales y sólo se permitirá la actividad de los mismos en las zonas residenciales si el establecimiento cuenta con 350 metros cuadrados, zonas de espera, de carga y descarga. Con todo ello se espera que la inseguridad, el ruido y la contaminación con la que hasta ahora conviven los vecinos de Tetuán se reduzca; y vuelva la legalidad y la honradez tanto a las calles como a los negocios ‘fantasma’.

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