Pisos de estudiantes, ¿la gran estafa española?

Según datos del Ministerio de Educación, el año pasado se matricularon en una titulación de Grado 228.804 alumnos en universidades de la Comunidad Autónoma de Madrid, en estudios de Máster 45.200 y en estudios de Doctorado 13.271. Estas cifras calculan que el año 2017 había 287.275 estudiantes universitarios en la Comunidad Autónoma de Madrid.

Pongamos que el 50% de estos estudiantes proceden de otras comunidades autónomas y han decidido cursar sus estudios en Madrid, por lo que tienen que trasladarse hasta allí y encontrar una nueva vivienda. Esto serían unas 139.138 personas, aproximadamente, buscando alojamiento en la misma ciudad.

Aunque estos datos son del curso pasado, las cifras se repiten año tras año con lo que esto conlleva: miles de estudiantes desesperados buscando habitaciones y pisos compartidos bajo la presión de la localización, las condiciones y el precio del alquiler, que este año se sitúa un 8% más alto que el anterior.

Hay quienes optan por acudir a alguna de las residencias o colegios mayores que ofrecen las universidades, aceptando pagar una media de 950€ mensuales. Los dotados con menos presupuesto acuden a las habitaciones o los pisos compartidos. Los precios de estos, hablando del curso 2018-2019, rondan una media de 450€ al mes.

Además del dinero, que para los estudiantes es algo a tener muy en cuenta, hay que mirar las condiciones de las que goza (o en muchas ocasiones padece) la vivienda. Sin ir más lejos, cualquiera puede investigarlo en las plataformas de alquiler y venta de inmuebles más usadas en España: Idealistay Fotocasa.

Como estudiante procedente de otra comunidad que se aventuró a formar parte de la gran mafia del alquiler en Madrid relato brevemente mi historia: Durante el verano me dediqué a buscar pisos de dos habitaciones para compartir con una amiga. Las características de estas viviendas eran: en el centro (entiéndase por centro los alrededores también) 35m2 y 950€ sin gastos incluidos de media.

Después de dos meses de inútil búsqueda decidimos mirar habitaciones por separado, misma condición: en el centro (otra vez entiéndase por centro los alrededores también) habitaciones minúsculas, algunas sin ventana o sin armario, en pisos compartidos con seis y siete personas con una sola cocina igual de grande que la habitación por 450€, muchas veces sin gastos incluidos.

Además, el único problema no era que se tratase de una vivienda indigna, también estaba el hándicap de llamar una semana antes para pedir cita y verlo una semana después. La respuesta de todas las personas con las que contacté fue “aquí vienes, lo ves y lo coges, nada de mirar de un día para otro y menos de una semana para otra”.

Una odisea que se resumió en mí trasladándome a Madrid a mirar 10 pisos al día. Mi suerte fue que solo necesité dos días. Mi no tan buena suerte fue que entro el 1 de octubre y el máster empezó el 17 de septiembre. Aun así, 370€ con todo incluido en Conde de Casal, línea 6 directa con la UCM.

Habitación en piso compartido. Fuente: Idealista

La conclusión que se saca, o al menos que yo saqué de esta experiencia, es que el alquiler de pisos en Madrid se ha convertido en un negocio sucio a gran escala en el que arrendadores se aprovechan de arrendatarios sin muchos recursos, pero sí con mucha necesidad de encontrar vivienda, en una ciudad abarrotada de otros miles de estudiantes en la misma situación.

¿Soluciones? Abrir una investigación por parte del Ministerio de Educación (a nivel estatal, porque me consta que en otras comunidades pasa exactamente lo mismo) en la que se analicen las características y las condiciones de la vivienda y se establezca un precio acorde con ellas u ofrecer ayuda por parte del Gobierno a los estudiantes que, por necesidad, se tengan que trasladar a otra ciudad para cursar sus estudios.

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