La redefinición del Madrid

Tras la lesión de Khedira, Ancelotti se vio obligado a hacer cambios en el esquema del equipo. La idea continuó siendo desarrollar los recursos ofensivos y mantener el equilibrio en defensa. 

Isco, en un partido en el Santiago Bernabéu. / Diego Fonseca

Saltaron las alarmas en el Real Madrid cuando Sami Khedira se torció la rodilla mientras presionaba a Pirlo en un amistoso entre Italia y Alemania. El tanque alemán era una pieza ineludible para el esquema de Carletto. No había en la plantilla otro jugador con un poderío físico parecido que le permitiese incorporarse con perseverancia al borde del área y recuperar la posición y la intensidad defensiva en la misma jugada. Casemiro, el que más se le asemejaba, no había disputado ningún partido como titular; Illarramendi, más dotado técnicamente, no poseía la condición física necesaria según su entrenador; e Isco, exiliado al banquillo en los anteriores encuentros, no era propicio para esa demarcación. Cuando el 4-3-3 de Ancelotti se quedó sin su interior derecho, una pieza sin recambio natural, justo después de jugar treinta de los mejores minutos de la temporada contra la Real Sociedad en el Bernabéu, la redefinición del Real Madrid pasó a ser una necesidad irrevocable para el técnico italiano.

No se trataba tanto de cambiar el estilo de juego, sino el esquema. Carletto había intentado desde el principio de la temporada desarrollar los recursos del Madrid. No se quería quedar solamente con el molde del equipo plano y a la carrera que Mourinho había diseñado en las tres campañas anteriores. El potencial del Madrid podía ofrecer más y el técnico italiano pretendía mezclar los recursos: un equipo capacitado para desarbolar las defensas rivales con un juego asociativo y mantener el contraataque que tantas veces martilló las defensas rivales en la época del entrenador portugués. La llegada de Bale, además, incrementó la capacidad del Madrid para abandonarse al desenfreno, para salir a la carrera sin comedimiento ni contención. Pero hasta la llegada de Xabi Alonso, los pupilos de Carletto naufragaron entre resultados engañosos –1 a 6 frente al Galatasaray– y probaturas confusas (el Madrid aún no ha repetido una alineación en Liga).

Cuando el tolosarra se adueñó del centro del campo, Ancelotti apostó primero por el 4-3-3 como esquema. El partido contra la Real Sociedad, con un inicio en el que el equipo logró controlar todas las facetas del juego, parecía la demostración final de que ese diseño era la apuesta definitiva. Isco, que había llegado al Madrid en verano por treinta millones de euros, estaba condenado al ostracismo de manera forzosa. El equipo, sin la posición de media punta pero con dos interiores de ida y vuelta acompañando a Xabi, sufría menos en defensa y era capaz de mezclar el pase largo y el corto, la carrera y la pausa. En ese medio campo, la posición en la que mejor rinde el malagueño, la de media punta, no tenía cabida, y su exilio a los banquillos, al menos en los partidos de máxima jerarquía, se suponía como un sacrificio irremediable.

Pero la redefinición del Madrid tumbó el esquema. Carletto, sabedor de la imposibilidad de que otro jugador realizase la función de Khedira, echó abajo el 4-3-3. La apuesta varió, y el esquema elegido fue el 4-2-3-1. El nuevo diseño pronto se sacudió las dudas que lo sobrevolaban. El doble pivote formado por Xabi e Illara –en el partido contra el Almería- o Xabi y Modric –contra el Valladolid-, siempre con Isco en la media punta, estaba más dotado técnicamente y el Madrid tuvo más facilidades para hilar el juego. El equilibrio defensivo, con la implicación de Isco y Benzema para impedir que los centrales del equipo rival sacaran la pelota controlada, facilitó que el Madrid recuperara el cuero antes y no sufriera en defensa. Los futbolistas más técnicos por dentro lograron filtrar pases fatales cuando los ataques comenzaban de cero y había que desnudar a las defensas rivales. Mejoraron los datos de la posesión (un 57% frente al Alemería y un 63% ante el Valladolid), y de vez en cuando también salieron a la carrera, en manada y abandonados al desenfreno, para culminar las obras de arte en forma de velocidad y precisión. La carrera y la pausa, la pausa y la carrera. El Madrid parece que ha encontrado otro molde, esta vez con más recursos. Su redefinición.

Diego Fonseca Rodríguez

Periodista graduado por la Universidad de Santiago de Compostela. Experiencia en prensa impresa, prensa digital y radio. Ahora mismo en la Agencia EFE.

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