La ética y la política, ¿son conceptos opuestos?

La charla y debate “Ética y política: ¿agua y aceite?” cierra el ciclo de encuentros sobre la ética celebrado en la Casa Encendida durante cuatro sesiones.

El 13 de junio de 2018, Maxim Huerta, recién llegado al Gobierno, dimitía como ministro de Cultura y Deportes por un fraude a Hacienda que había saldado varios años atrás. Se convertía así en el ministro más breve de la democracia en España. Aunque tras salir el caso a la luz, en un primer momento no se planteó dejar su puesto, pronto cambió de opinión. ¿Qué había ocurrido? Probablemente fue la presión mediática y la de la opinión pública la que hizo que Huerta dimitiera de su cargo, porque la ciudadanía parece estar cambiando y se moviliza, cada vez más, para poner la ética en un primer plano.

Así lo cree Sandrine Morel, corresponsal de Le Monde y moderadora de la charla “Ética y política: ¿agua y aceite?”, celebrada el miércoles 9 de septiembre. El cuarto y último de los coloquios en torno a la ética organizados en el Auditorio de la Casa Encendida, coordinados por el Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH). En la mesa, también han participado Javier de Lucas, catedrático de Filosofía del Derecho por la Universidad de Valencia y Carles Casajuana, ex embajador de España en Reino Unido.

Durante hora y media, los tres participantes han debatido sobre la ética y la política. Y es que, en tiempos convulsos para la sociedad como los que atravesamos actualmente, este coloquio se plantea si esos dos conceptos se contraponen o no.

Ya Aristóteles no concebía una sin la otra pero, ¿cómo lo vemos ahora? Para Javier de Lucas, la cuestión del buen hacer político no reside en la ética, sino en las leyes. “Los políticos deben cumplir la Constitución”, apunta. Pero esto nos genera una duda: ¿qué hacer cuando las leyes que deben cumplir no funcionan en la consecución de los objetivos de la política? De Lucas lo ve claro: en esos casos hay que legislar mejor. Punto en el que está de acuerdo el ex embajador Casajuana, que no cree que los ciudadanos debamos exigir a los políticos que sean mejores que nosotros puesto que al fin y al cabo son nuestros representantes.

Los ponentes debatiendo durante la charla. Fuente propia (Carmen Mesa)

Sin embargo, para Sandrine Morel sí hay un valor ético al que no puede faltar un político y ese valor es el de la verdad. “Se les debe exigir que no mientan”, dice la periodista del diario francés. Pero aquí, matiza, no se refiere tanto a la mentira en el ejercicio del poder como a aquella que se da en la lucha por el poder. Es quizá en esta lucha donde se genera más desinformación (o las mal llamadas fake news). Recordemos si no el caso de Donald Trump o el más reciente de Boris Johnson y el Brexit. En nuestro país también tenemos casos que plataformas como Maldita.es o Newtral intentan combatir a diario para que esa desinformación no campe tan a sus anchas ahora que lo tiene tan fácil con las redes sociales.

Otro de los aspectos que no podía faltar en un debate de ética y política es el de la corrupción, un tema que sin duda sí es incompatible con toda ética. Carles Casajuana opina que “España no es un país corrupto, pero tenemos un problema muy grave con la corrupción”. Para él hay tres grandes temas que copan los casos de corruptela en nuestro país y son la recalificación del terreno, las contrataciones públicas y la financiación de partidos. Sin embargo, aunque según Morel estemos “en la era de la indignación”, esta se vuelca a menudo en los que están en el primer plano de la vida pública y a menudo no recae en quienes no están en la primera línea pero que cometen actos de corrupción flagrantes.

Como cierre del debate, Javier de Lucas propuso una conclusión con la que se puede estar más o menos de acuerdo: en política, establecer qué es ético y qué no lo es, no es fácil porque, ¿en quién debe recaer esa responsabilidad? Sin embargo, sí que podemos hacer que sean las leyes las que establezcan las líneas y los límites que deben seguir nuestros políticos. Un sistema jurídico que podemos pactar entre todos y que, si no funciona, se puede cambiar.

En los cuatro encuentros, enmarcados dentro del ciclo de debates y análisis titulado “En tiempos convulsos ¿queda aún espacio para la ética?” se ha hecho un recorrido por los valores éticos y la acción humanitaria, la defensa, las relaciones internacionales, además de la política.

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