Gloria Fuertes, al desnudo en el Teatro del Barrio

Gloria, el monólogo sobre la escritora en el Teatro del Barrio. Fotografía: María Moya.

Bajo la tenue luz de un solo foco, en un escenario sin más atrezzo que una única silla, emerge una Gloria Fuertes a la que, pese a alzarse como su referente literario, le abruma el público infantil. Una Gloria «yoísta y glorista» a la que pone voz y caracteriza su intérprete, Ana Rayo, que se desnuda ante la audiencia del Teatro del Barrio, en el núcleo cultural de Lavapiés.

Enmarcado en el proyecto ‘Mujeres que se atreven‘, la obra teatral sobre la vida de la escritora cuenta las vicisitudes de su trayectoria vital y literaria. En escena, Gloria reflexiona sobre su propia historia, sobre sus errores y aciertos; a veces sobria, a veces ebria, junto al verdadero amor de su vida, Phyllis, caracterizada -no en vano- por un globo blanco.

Gloria se enmarca en el proyecto ‘Mujeres que se atreven’ del Teatro del Barrio

En una obra repleta de saltos en el tiempo, de vaivenes emocionales y sentimentales, de recuerdos tanto crudos como amables, Gloria discurre sobre su infancia. Recuerda la soledad de unas ventanas pintadas en el pasillo de su casa, en la Calle Espada, a salvo del estruendo de la metralla de la Guerra Civil. Y lo combina evocando afablemente sus primeras lecturas. A través de sus líneas, Ana Rayo ayuda al espectador a construir mentalmente el contexto familiar de la poetisa, de padre portero y madre costurera que no solo cuestionaban que su hija amase leer, sino que además le apasionase escribir. Un entorno en el que el rol de género estaba fuertemente marcado y representaba el futuro que su familia deseaba para ella: la maternidad, las labores domésticas, la docilidad, la permanencia en un segundo plano… Un futuro que nunca llegó para ella. Y, finalmente, Gloria hace suspirar de pena al espectador cuando evoca aquello que sintió tras la muerte de su progenitora.

«Gloria Fuertes manda», escrito durante la obra. Fotografía: María Moya.

Junto al público, la actriz que encarna a Gloria recuerda en tono jocoso a los censores del régimen franquista, los «arreglos» a sus textos, las reuniones clandestinas en la Carrera de San Jerónimo. Relata cómo, ante la prohibición de reunirse, bajo el pretexto de ser un local en el que se congregaban hombres para jugar a futbolín, las mujeres debatían sobre cuestiones feministas. Rebusca entre sus memorias el recuerdo del primer día que impartió una clase en una universidad norteamericana, donde llegó de la mano de Phyllis, y cuenta también cómo ambas evolucionaron sentimentalmente y llora, una vez más, la pérdida de uno de los pilares de su vida: la muerte de su amada.

La Gloria representada escribía versos en servilletas, entre «filosofeo, filosoguapo», en tono cómico, en tono infantil, en tono nostálgico: amaba las letras. En ocasiones acariciaba el lenguaje junto a su vaso de whiskey y su cigarro entre los dedos. Se trata de una historia real, un monólogo basado en extractos recogidos en la fundación Gloria Fuertes por Noelia Adánez, ganadora, a propósito del Premio Mujeres que Cumplen -otorgado por la SGAE- el pasado año 2017. 

La obra cuenta la historia de una Gloria indómita y fuerte. Fotografía: María Moya.

Gloria cuenta el relato de una mujer fuerte, indómitafeminista, que vivió en los márgenes de la aprobación social. De éxito en su carrera profesional, de vida sentimental impropia de la España en la que nació. Una autora que hizo de su soledad su fuente creativa y a partir de la cual se moldearon sus sentimientos, germinó su temor a no volver a sentirse querida, emanó el vacío que dejó Phyllis, su globo blanco.

 

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Autobiografía

«Gloria Fuertes nació en Madrid
a los dos días de edad,
pues fue muy laborioso el parto de mi madre
que si se descuida muere por vivirme.
A los tres años ya sabía leer
y a los seis ya sabía mis labores.
Yo era buena y delgada,
alta y algo enferma.
A los nueve años me pilló un carro
y a los catorce me pilló la guerra;
A los quince se murió mi madre, se fue cuando más falta me hacía.
Aprendí a regatear en las tiendas
y a ir a los pueblos por zanahorias.
Por entonces empecé con los amores,
-no digo nombres-,
gracias a eso, pude sobrellevar
mi juventud de barrio.
Quise ir a la guerra, para pararla,
pero me detuvieron a mitad del camino.
Luego me salió una oficina,
donde trabajo como si fuera tonta,
-pero Dios y el botones saben que no lo soy-.
Escribo por las noches
y voy al campo mucho.
Todos los míos han muerto hace años
y estoy más sola que yo misma.
He publicado versos en todos los calendarios,
escribo en un periódico de niños,
y quiero comprarme a plazos una flor natural
como las que le dan a Pemán algunas veces.»

Autora: Gloria Fuertes. Fuente: Fundación Gloria Fuertes

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