«El Funeral», la despedida por todo lo alto de Concha Velasco

Concha Velasco, una de las actrices con más trayectoria profesional de España, vuelve a la comedia con su nueva obra de teatro El Funeral, escrita y dirigida por su hijo Manuel M. Velasco, en la que es la primera colaboración de ambos sobre las tablas. Esta representación se está llevando a cabo en el Teatro de La Latina de Madrid del 4 de octubre al 20 de enero de 2019, de miércoles a domingo. Completan el reparto de esta pieza Jordi Rebellón, que sustituye a Antonio Resines, Clara Alvarado, actriz conocida por su intervención en La casa de papel, Cristina Abad, que participa en la serie Acacias 38 y Enmanuel Medina, un actor muy versátil con buena vid cómica.

Esta pieza está producida por Pentación Espectáculos, una empresa de iniciativa privada cuyo principal objetivo es producir, promocionar y distribuir espectáculos teatrales. Desde el año 2002, esta entidad lleva a cabo la producción de las obras del Festival de Teatro Clásico de Mérida, que ha cuadriplicado la asistencia de público desde su año de entrada. En la actualidad, de los socios fundadores ha quedado Jesús Cimarro al frente de la empresa.

Se abre el telón para contar al público una historia que es, ante todo, irónica, conmovedora y a la vez comedia. La actriz vallisoletana, que interpreta a Lucrecia Conti, una estrella del cine, teatro y televisión recién fallecida está acompañada en este velatorio organizado por el Ministerio de Cultura, por Jordi Rebellón, que da vida a Alberto Luján, su representante; y por dos nietas, Ainhoa y Mayte (Clara Alvarado y Cristina Abad), así como por Miguel (Emmanuel Medina), un primo lejano cuyo parentesco real es desconocido.

Fuente: Carmen García Seara

Desde el inicio de la función, lo que parecía una despedida dedicada al público de la actriz llena de homenajes en un ambiente de incomodidad y sorpresa, cambia cuando los espectadores empiezan a participar como personajes en la representación y se quedan encerrados en pleno teatro de La Latina, porque el fantasma de Lucrecia se resiste a irse sin una despedida a lo grande que le permita zanjar unos asuntos. El ruido de la prensa, que está informada sobre lo que está pasando en la Plaza de la Cebada, se escucha cada vez más fuerte intentando entrar para captar lo nunca visto: una resurrección en directo.

Como se comentaba, los asistentes en todo momento son un personaje más que acuden a un velatorio a despedir a la gran estrella y que se encuentran con una escena de lo más paranormal, por lo que están continuamente interactuando con ellos. Con el fin de hacerles la espera más amena, las nietas les ofrecen una merienda: bocadillos de todo tipo de embutido se reparten por la mayoría de las butacas de este teatro. Lucrecia va a aprovechar este momento intentando llamar la atención que, según ella, se merece estando viva o muerta para solucionar algunos problemas profesionales como aceptar una serie de televisión en la que hace de muerta, dejar que le tomen medidas para hacerle un muñeco de cera en el Museo de Ídem de Madrid, hasta pasar la frontera a lo personal y decirle a una de sus nietas que puede ennoviarse con un chico al que todos le ven cierto parecido familiar.

El encargado de hacer vivir al público la aparición de la actriz protagonista con su vestuario es Ion Fiz, que creó tres looks exclusivos para la ocasión inspirados en los años 40. Un kimono de lame plata con cuello de estilo echarle y puños bordados de pedrería “hielo”; un traje de túnica y pantalón de crepe color hueso, túnica con doble cuello chimenea asimétrico y mangas semi ranglan, pantalón de corte “palazzo”, turbante, guantes y collar; y por último, para una de las escenas, también ha creado un poncho “tropical” de estilo Hawaiano.

A lo largo de los 90 minutos aproximadamente que dura esta representación, los espectadores disfrutan de un espectáculo lleno de guiños cómplices que la real Concha Velasco lanza sobre toda su vida profesional siendo consciente de que está llegando a su fin. El remate de la obra culmina con dos frases que la actriz, una mezcla ya de Lucrecia y Concha, dice dirigiéndose al público: “El espectáculo debe siempre continuar” y “Nadie muere hasta que no es olvidado”, que nos traslada a la realidad sentida por todos los asistentes del teatro que se percatan de todo el mensaje subliminal que lleva la obra consigo.

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