El celuloide a precios populares

Tras la Fiesta del Cine, Cinesa y Yelmo han vuelto a apostar por otra promoción con bajada de precios. El cine Proyecciones, en Fuencarral, vuelve a llenar sus salas con Blue Jasmine como filme más demandado.

Cola en el cine Proyecciones, en la calle Fuencarral, el pasado martes. Autoría, Diego Fonseca RodríguezHace apenas un mes, más de 350.000 ciudadanos residentes en Madrid se inscribieron en Internet para conseguir la acreditación que les daba acceso a cualquiera de las cincuenta salas de la capital que participaron en la quinta edición de la Fiesta del Cine. En España, la cantidad de espectadores llegó a superar el millón y medio. Estas cifras de asistencia se lograron en apenas tres días, los que duró la promoción, y con una bajada del precio de la entrada a 2,90 euros, muy por debajo del importe habitual. Después del éxito, y todavía con la resaca de la asistencia en el cuerpo y el precedente a la vuelta de la esquina, las empresas de exhibición Cinesa y Yelmo volvieron a abogar por el celuloide a precios populares. Durante tres días, desde el lunes 18 hasta el miércoles 20 de noviembre, situaron otra vez el coste de la entrada por debajo de los 4 euros -supuso solamente un desembolso de 3,50- en todas sus salas.

En Proyecciones, la sala de Cinesa situada en la calle Fuencarral, la gente más joven, habituada a disfrutar de la industria del cine a través del low cost de Internet, acudió en masa desde el lunes y logró llenar–o estuvo a punto- las nueve salas con las que cuenta Proyecciones. Las colas multitudinarias en taquilla, una estampa anacrónica de una época en la que el ámbito cinematográfico no naufragaba en la actual crisis de asistencia y piratería, se convirtieron en una fotografía inquebrantable desde las primeras sesiones, a las 16.00 horas de la tarde, hasta las últimas, a las 22.45 horas de la noche.

Eduardo, un pontevedrés que se ha mudado a Madrid para finalizar sus estudios de máster, ha sido uno de los tantos que decidieron visitar el Proyecciones. “Normalmente es un esfuerzo enorme, y más para un estudiante, pagar casi 10 euros por ir al cine. Solamente suelo venir cuando me interesa mucho una película, pero como hoy me costaba 3,50 euros, me he acercado a ver el último filme de Woody Allen”. Aunque no fue la avalancha descomunal que provocó la Fiesta del Cine, gracias a esos 3,50 euros que costó cada entrada, las salas oscuras con acceso al mundo de los sueños se volvieron a atiborrar de gente, ya fuesen jóvenes, adultos o todavía más adultos, durante tres días laborables.

A pesar de que los eventos no han sido diseñados como modelo de negocio, sino como promoción, ha quedado claro que el cine sigue siendo un reclamo social en boga cuando el precio es más asequible. Con la actual situación, en la que se sufre el IVA más alto de Europa y un descenso paulatino de espectadores que entre 2007 y 2012 ya es del 19% (de 116,9 a 94,29 millones) según las cifras del Ministerio de Cultura, los ciudadanos han dado un guiño en forma de apoyo al séptimo arte. En el cine Proyecciones, por ejemplo, se volvieron a registrar grandes números de asistencia, y Blue Jasmine, la última obra de Woody Allen, logró llenar la sala una y otra vez.

A la calle le han bastado dos ocasiones para avivar el debate en torno a la crisis cinematográfica. ¿Cuánto ha influido la piratería? ¿El precio de las entradas es demasiado elevado? ¿Por qué las salas están vacías? La solución, probablemente, continúa en donde estaba: lograr el equilibrio entre todos los elementos. Comiencen a reflexionar.

Diego Fonseca Rodríguez

Periodista graduado por la Universidad de Santiago de Compostela. Experiencia en prensa impresa, prensa digital y radio. Ahora mismo en la Agencia EFE.

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