El Castro de Baroña, un tesoro salvaje en la costa gallega

La provincia de A Coruña esconde un tesoro arqueológico que ha perdurado a lo largo de los siglos hasta nuestros días. Ubicado en un entorno privilegiado en la parroquia de Porto do Son, el Castro de Baroña es un fiel vestigio del pasado.

Se trata del castro mejor conservado de Galicia, que ha sido descubierto en el año 1933 y, posteriormente, ha sido restaurado en 2012, volviendo parcialmente a su estado original, tras haberse efectuado las excavaciones y estudios pertinentes.

Vistas al Castro de Baroña desde arriba / Fotografía: Alba Moledo

Durante las excavaciones se han podido «detectar tres fases: una primera relativamente pobre, una fase álgida, que subdividimos en varias partes con dos tipos de niveles y una tercera fase muy pobre. Eso lo hicimos extensible para todo el yacimiento y lo sabremos con certeza cuando se excave la zona norte, que está casi totalmente virgen», ha explicado el arqueólogo y estudioso del Castro de Baroña, Francisco Calo Lourido, durante el I Encontro Arqueolóxico do Barbanza.

De este modo, hoy en día podemos apreciar en un primer plano la trinchera y un foso defensivo de cuatro metros de ancho y tres de fondo. En segundo lugar, se encuentra un muro defensivo de piedra y arena y, detrás, el segundo muro defensivo, construido con los mismos materiales.

La entrada al asentamiento está flanqueada por una torre que se encuentra detrás de un triple encintado de muros paralelos y escalonados y, en el interior, hay 20 castros, que son las viviendas tradicionales de piedra con forma circular de los castreños y las escaleras interiores.

Según los estudios de Calo Lourido, que se reflejan en su libro Castro de Baroña, los habitantes de los castros probablemente han estado asentados en el lugar desde el siglo I a.C. hasta el siglo I d.C. «Si la piedra está picada y careada, a mí eso no me lleva más allá del s. I a.C.», ha afirmado.

Hoy en día, el Castro de Baroña sigue en el mismo lugar que tanto tiempo atrás sus habitantes eligieron para asentarse, un entorno privilegiado y poco masificado que todavía conserva intacta su belleza salvaje y natural, a pesar del último incendio en verano, que traslada al visitante que camina entre sus piedras a épocas remotas, consiguiendo que pueda ver a través de sus ojos exactamente lo mismo que veían los habitantes del Castro de Baroña.

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