El brutalismo: el mar de hormigón que envuelve Madrid

La estética fría y dura que ofrece este estilo arquitectónico despierta sensaciones que van desde la admiración hasta el rechazo

Gris y más gris. El color del hormigón crudo, un material indispensable que conforma el esqueleto de cualquier edificio, aunque rara vez es valorado al permanecer oculto tras una capa de ornamento. La tendencia artística conocida como brutalismo pretende exaltar este elemento de construcción y, para ello, apuesta por una arquitectura desnuda que demuestra claridad formal y estructural.

La corriente brutalista surgió a mediados del siglo pasado de la mano del arquitecto franco-suizo Le Corbusier. Su afamada Unité d’Habitation, una vivienda colectiva hecha de hormigón, se convirtió en una alternativa muy económica para hacer frente a la crisis habitacional de la posguerra. Por aquel entonces, este estilo arquitectónico se popularizó debido a la necesidad de estructuras funcionales y baratas para la remodelación de las ciudades arrasadas tras la Segunda Guerra Mundial. La mayoría de las construcciones brutalistas fueron viviendas sociales para la clase trabajadora, instituciones, campus universitarios y centros comerciales.

Madrid cuenta con un abundante patrimonio de construcciones brutalistas que datan de los años 60 y 70. El edificio residencial de las Torres Blancas es uno de los grandes exponentes del estilo y supuso un verdadero desafío dada su exuberante geometría curva. El Edificio Princesa o la Torre de Valencia son otros ejemplos de bloques de viviendas que adoptan esta tendencia. La imponente estructura circular del Instituto del Patrimonio Cultural de España, la severidad formal de la sede sindical de la UGT o la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Filipinas también presumen de este tipo de arquitectura desnuda.

Torres Blancas, Madrid
(Fotografía de Roberto Conte)
Iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Filipinas
(Fotografía de Roberto Conte)

La Facultad de Ciencias de la Información, de la Universidad Complutense de Madrid, es otro de los referentes del brutalismo. La estética frívola del edificio ha hecho que surjan varias leyendas en cuanto a su construcción. Se ha llegado a decir que tiempo atrás fue una cárcel de mujeres o que los planos pertenecían a un antiguo psiquiátrico.

Brutalismo en la Facultad de Ciencias de la Información, Universidad Complutense de Madrid (Fuente: Estefanía Pelazas)

No obstante, frente a este halo de misterio que envuelve la Facultad y en medio de un mar de hormigón, son numerosos los murales que aportan una nota de color al edificio.   

Murales en la Facultad de Ciencias de la Información, Universidad Complutense de Madrid (Fuente: Estefanía Pelazas)

Si bien es cierto que esta tendencia fue halagada durante años, en la actualidad oscila entre la admiración y el rechazo. Los amantes de lo sobrio valoran su austeridad, sencillez y funcionalidad; mientras que los detractores del movimiento critican su estética fría y triste, consideran que se trata de moles de hormigón sin ningún tipo de diseño característico y mantienen que estas estructuras son focos de corrupción urbanística. En la década de los setenta se consideraba un estilo casi olvidado, sin embargo, con la llegada de la crisis económica y la irrupción de las redes sociales ha logrado reinventarse. En las ciudades es cada vez más común levantar edificios residenciales de proporciones colosales, ya que se puede sacar una enorme rentabilidad a una parcela de terreno.

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