Día de la Hispanidad

Cuando mi maestra nos enseñaba en la educación primaria la historia del descubrimiento de América, presentaba a Cristóbal Colón como un héroe. Alguien que llegó a rescatar al nuevo continente.

Cada año, hacíamos una exposición para el entonces conocido en Panamá como Día de la Raza. El 12 de octubre era un día especial. Nos habían enseñado, mediante los libros de historia, que los aportes de la conquista fueron más importantes que cualquier acción inhumana cometida por los españoles. Todos, muy emocionados, hablábamos en clase de La Niña, La Pinta y la Santa María.

Monumento a Cristóbal Colón. Plaza de Colón, Madrid, España.

Colón era un ídolo. En el fondo sentía que nos había liberado de algo que aún no tenía claro. Hasta que todo se derrumbó. Cambiamos de maestra y obviamente, también cambió la maravillosa historia del descubridor.

¿Qué descubrió Colón?, fue la pregunta de mi nuevo maestro.

– América, dije emocionada.

– ¿O sea que cuando llegó no había nadie? ¿O sea que él y su tripulación fueron los primeros pobladores?

Creo que oí cómo parpadeábamos todos en clase sin tener claro qué responder.

Pero entendimos, con las preguntas de nuestro maestro, que había algo turbio.

Con el tiempo me di cuanta de que aquellos a quienes ahora veíamos como ignorantes, a quienes habíamos rechazado, olvidado y considerado como inferiores, eran realmente nuestro héroes. Los que se resistieron. Los que amaron lo suyo. Los genuinos descubridores: nuestros aborígenes.

¿Qué nos aportó la conquista? Un nuevo idioma, una nueva religión, la mezcla de razas.

¿A costa de qué? De la muerte de los nuestros. Muerte que hoy se traduce en el olvido de los que aún nos sobreviven de aquella masacre expansionista y cruel. Una, que en lugar de aportar, nos quitó nuestras primeras formas de expresión, nuestras costumbres y tradiciones.

¿Hoy hay algo que celebrar?, preguntó el maestro.

Aunque la tristeza me embarga cada vez que recuerdo esto, no puedo evitar buscar lo positivo de aquel hecho que hoy España lo ve como fiesta nacional y Panamá y otros países lo reconocen como el Día de la Hispanidad.

Pese a la terrible conquista, este hecho une lazos entre España y América Latina, territorios que, sino fuera por el idioma, distarían mucho de parecerse.

Ah! y con respecto al Día de la Raza, entendí que mi maestra prefería dejar de lado la polémica del descubrimiento y enseñar el respeto por los demás.

– Niños, por sus venas corre sangre de indígenas, blancos, negros. Pero que yo sepa, en todos los continentes, los seres humanos tenemos sangre de rojo color.

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