Compras: un placer necesario

Me fui de shopping. La fría tarde, el sol encogido entre las nubes y la brisa que resquebrajaba mis labios, no fueron impedimento para suplir algunas necesidades y uno que otro capricho en la Gran Vía.

Jamás había visto tantos abrigos negros deambular por ahí. Cuánta gente, pensé.

Una tienda famosa en Madrid parece que siempre está de oferta y allá nos volcamos, sobretodo las mujeres. Son cuatro pisos solo para nosotras y medio piso para hombres porque ahí también está el área de calzados para chicas.

Al ser de un país tropical, estas «alocadas» compras suelen parecerme desmedidas, porque de donde vengo no hace falta renovar el armario cada tres meses. No existen las estaciones sino las temporadas. El sol y la lluvia son protagonistas todo el año. Es decir, que en muchas ocasiones, en países donde la temporada seca y la lluviosa conviven, comprar ropa es un lujo más que una necesidad.

Pese a que, según datos publicados en larazon.es, el consumo representa casi el 60 por ciento del PIB en España, hay que considerar que, sobretodo en cambios de estación, existe una necesidad real más que consumista de obtener los mejores precios y las mejor calidad en la vestimenta que usamos. Y díganmelo a mi, que aún no me acostumbro a este cambio de temperatura.

Un buen abrigo, botas y demás artículos son tan necesarios como un buen chocolate caliente cuando el frío arrecia.

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