Los caprichos del “rico”: coches y relojes

Estamos acostumbrados a comprobar cómo aquellos que disponen de una importante suma de ceros en su cuenta bancaria gastan su dinero en lujos innecesarios. Y entre estos caprichos que adquieren como si se trataran de una barra de pan para cualquier hijo de vecino, destacan dos artículos: los coches y los relojes. Precisamente estas fueron las compras que durante un tiempo se llevaron a cabo en el municipio de Leganés.

En el año 2007, con motivo de la construcción del nuevo ayuntamiento en la céntrica Plaza Mayor de la localidad, se construyó en la fachada un reloj con dos particularidades: la primera, que posee un carrillón de autómatas construido por un relojero suizo; y la segunda, que el precio del artilugio fue de “solo” un millón de euros.

Reloj de la Plaza Mayor de Leganés
Reloj de la Plaza Mayor de Leganés

Por si fuera poco, el por aquel entonces primer teniente de alcalde, el señor Raúl Calle, quien aprovechaba sus intervenciones en los institutos para realizar «improvisados» mítines políticos, se vanaglorió de que la broma no había costado un euro a la gente. Es más, aprovechó la ocasión para echarse flores a sí mismo, afirmando que el reloj se había pagado gracias a los beneficios que aportaba el Emsule, organismo que curiosamente él presidía.

Un año despúes, en 2008, el alcalde del momento, Rafael Gómez Montoya, decidió emplear -esta vez sí- el dinero de los contribuyentes en un nuevo capricho: un Citröen C6 de gama alta, con la muy necesaria capacidad de inhibir la frecuencia que permitiera detonar una bomba a distancia, idéntico al que utilizaba el ex presidente de Francia, Nicolas Sarkozy. El vehículo, además, no fue adquirido en propiedad por el ayuntamiento, sino que lo fue por el sistema de renting. El capricho le costó a los leganenses un total de 81.000 euros.

Los despilfarros no acaban ahí, sino que también se producen otros por la mala gestión. También en 2008 comenzaron las obras para dotar a Leganés de la mayor biblioteca de la zona sur. Tras tres años de obras, la empresa constructora se declaró en concurso de acreedores, y no ha sido hasta el pasado año cuando se ha puesto en marcha un proyecto para su finalización. Esta demora en la construcción de la Biblioteca Central -en el barrio de Leganés Norte- no solo ha hecho necesaria una partida de 4,5 millones de euros para completar el trabajo, sino una cantidad de 900.000 euros más para afrontar los desperfectos que se han producido en estos tres años de abandono.

Estos ejemplos no hacen sino constatar la teoría inicial: los ricos gastan su dinero en lujos innecesarios. Lamentablemente, en el caso de estos «ricos», el dinero no es suyo.

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