La depresión en Navidad

Las enfermedades mentales son una preocupación global en cualquier época del año, y durante las vacaciones no son la excepción. Aunque pueda resultar paradójico, ahora, en épocas vacacionales los casos de depresión tienden a aumentar. Dentro de unas escasas semanas comienza la época navideña, y ante la llegada de las fiestas no se puede bajar la guardia.

María José Ros – Psicóloga.

Desde que comenzó la pandemia hemos vivido muchísimos cambios a nivel mental y emocional que se han visto reflejados en el terreno de la salud mental. Hemos sido conscientes de nuestra vulnerabilidad, y de la fragilidad que supone aferrarnos a las cosas materiales, pero también nos hemos dado cuenta de nuestra capacidad de adaptación a los cambios y de que el ser humano es fuerte y resiliente.

Según datos oficiales aportados por la Organización Mundial de la Salud, un 3,8% de la población sufre depresión, lo que conlleva un total de 280 millones de personas a nivel global que padecen esta enfermedad.

La depresión vacacional o el trastorno afectivo estacional es más frecuente de lo que pueda llegar a parecer. El hecho de tener tiempo libre, para muchas personas no implica no hacer nada, sino todo lo contrario. La presión social de tener que pasarlo bien hace que nos planteemos vacaciones llenas de aquellas actividades que no hemos podido hacer durante el resto del año, o llenarnos de compromisos sociales y obligaciones que lejos de mejorar nuestro estado de ánimo lo empeoran.

La psicóloga María José Ros afirma que este estado depresivo se encuentra vinculado al periodo estival, a los cambios de temperatura extremos, a la sensación de aislamiento, de abandono y al sentimiento de soledad.

Según esta profesional la solución es clara: “Hay que cultivar el valor de las pequeñas cosas; vivir el presente, sin anticipaciones ni pensamientos del pasado (la mayoría de veces negativos); ser compasivo y tratarse con la misma amabilidad que tratamos a los que queremos de corazón; practicar conductas que desarrollen las capacidades individuales, cosas que dependan de nosotros; desarrollar una personalidad alegre, favoreciendo la sonrisa; perseguir lo que ilusiona; recordar los buenos momentos vividos; tratar de hacer actividades que resulten agradables, sin forzarlas.”

Por supuesto, si vemos que los síntomas son graves o se mantienen a lo largo del tiempo, lo principal es pedir ayuda a los profesionales de la salud mental antes de que la situación llegue a un punto de no retorno.

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